Bajo la mirada de Occidente (fragmento)Joseph Conrad

Bajo la mirada de Occidente (fragmento)

"Me pareció sinceramente que los Bastiones era un lugar muy adecuado, puesto que mi amiga, por el momento, no juzgaba prudente presentar a este joven a su madre. Sería allí, me dije, mirando aquel jardín de una banalidad deplorable, donde comenzaría su relación y se produciría el intercambio de indignaciones generosas y de sentimientos extremos, tal vez demasiado dolorosos para que una mentalidad que no fuera rusa pudiera concebirlos. Me imaginé a esta pareja, surgida de entre ochenta millones de seres humanos triturados entre las dos ruedas de un molino, paseando bajo aquellos árboles, con sus jóvenes cabezas juntas. Sí, era un sitio excelente para pasear y conversar. Llegó a ocurrírseme, cuando volvimos a alejarnos una vez más de la amplia verja de hierro, que dispondrían de abundantes espacios para reposar cuando se sintieran cansados. Mesas y asientos se desplegaban entre el chalet-restaurante y el quiosco de los músicos, bancos de madera pintada se extendían bajo los árboles. Justo en el centro vi a una solitaria pareja suiza, cuyo destino desde la cuna hasta la tumba estaba garantizado por el mecanismo perfecto de las instituciones democráticas en una república que casi cabía en la palma de una mano. El hombre, anodino y basto, bebía cerveza en un vaso centelleante, y la mujer, rústica y plácida, se recostaba en la tosca silla y miraba ociosamente alrededor.
No cabe esperar demasiada lógica en este mundo, tanto en el plano del pensamiento como en el del sentimiento. Me sorprendió descubrir el desagrado que me inspiraba aquel joven desconocido. Había pasado una semana desde que se conocieron. ¿Era insensible, era cruel o sencillamente estúpido? No alcanzaba a comprenderlo. "



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