El estandarte (fragmento)Alexander Lernet-Holenia

El estandarte (fragmento)

"Me detuve en medio de la calle. Al poco rato me per­caté de que había estado pensando en algo impreciso y me di cuenta de que debía haber pensado en qué estaba buscando allí.
Pues estaba buscando algo, sin saberlo.
Buscaba el estandarte.
Había salido de mi alojamiento con la intención de dar un paseo, pero otro motivo más concreto me impulsaba. A medida que avanzaba me di cuenta de que bus­caba algo y, al fin, comprendí que se trataba del estandarte.
A continuación sentí que me resistía a confesarme qué era lo que buscaba. Hice un esfuerzo para olvidarlo, pero ya era tarde.
De repente tuve la impresión de haberme sorprendido a mí mismo en algo oscuramente prohibido, aunque precisamente en ello estribaba el aliciente desconcertante que había sentido todo el tiempo y del que me avergoncé en el mismo momento en que tuve conciencia de él. Durante dos o tres segundos tuve la sensación de estar soñando, de darme cuenta de que soñaba y de despertar. En efecto, de repente tuve la impresión de haber soñado. Alcé la mirada e inmediatamente giré sobre mis talones. La calle del pueblo por donde había venido estaba vacía, la distribución del rancho nocturno había terminado.
Tiré el cigarrillo que se me apagaba en la mano, encendí otro e inicié el camino de regreso. En esto me pregunté cómo se me ocurría vagar por ahí en busca del estandarte, disimuladamente, en vez de salir de mi casa y preguntar: «¿Dónde está? Quiero verlo».
¿Por qué había sentido deseos de verlo? Tampoco lo sabía. Tal vez también esto formaba parte de mi sueño. Al mismo tiempo no comprendía por qué no podía mirarlo detenidamente de cerca: ¡bien podía sentir este interés un soldado! ¿Pero dónde se hallaba realmente? ¿Lo tenía Heister en su alojamiento o estaría con el coronel en la comandancia del regimiento? ¿Izado frente a la casa o en el cuerpo de guardia, que estaba de servicio por si acaso se producía algún incendio? El caso es que yo no lo había visto por ninguna parte. Tuve que confesarme que ahora ya no sentía interés en verlo, o si lo tenía traté de convencerme de lo contrario, pues me molestaba pensar que lo había buscado de una manera tan rara. "



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