Guerras justas e injustas (fragmento)Michael Walzer

Guerras justas e injustas (fragmento)

"Ahora bien, existe otro modo de luchar, aunque sólo es accesible a los soldados que han adquirido un entrenamiento «marcial» y que no limitan sus hábitos a «patrullar las carreteras». Es posible enviar una patrulla en avanzadilla con el fin de rebasar el flanco de las posiciones enemigas. Al final, todo confluye en una acción de este tipo, como sucedió en este caso, porque los tanques y los aviones no consiguieron anular a los francotiradores norcoreanos. «Por fin, transcurrida más de una hora un pelotón de la compañía Baker empezó a abrirse camino a través de la maleza, justo bajo las primeras ondulaciones de la colina.» No obstante, el primer apoyo en estas batallas corresponde siempre a las unidades de fuego de mortero.
«Cada disparo del enemigo provocaba un diluvio de destrucción.» Y el bombardeo tenía, o podía tener a veces, un doble efecto característico: los soldados enemigos resultaban muertos y lo mismo sucedía con todos los civiles que circunstancialmente se hallaran en las proximidades. La intención de los oficiales que pedían el apoyo de la artillería y la aviación no era la de matar civiles; actuaban en virtud de la preocupación que les inspiraba la suerte de sus propios hombres. Y ésa es una preocupación legítima. En tiempo de guerra, nadie querría encontrarse a las órdenes de un oficial que no valorase las vidas de sus soldados. Pero debe valorar también las vidas de los civiles y lo mismo deben hacer sus soldados. No puede salvarles, por lo mismo que tampoco ellos se salvarían de ese modo, matando a personas inocentes. No se trata simplemente de que no puedan matar a un gran nú­mero de personas inocentes. Incluso en el caso de que las proporciones resulten favorables, ya sea en determinados casos en concreto, ya durante cierto período de tiempo, aún seguiríamos diciendo, creo yo, que es preciso enviar la avanzadilla, que hay que aceptar los riesgos, antes de hacer entrar en acción a la artillería pesada. Posiblemente, los soldados que integren la avanzadilla argumentarán que venir a guerrear a Corea jamás fue asunto sobre el que tuviesen elección, no obstante, siguen siendo soldados; hay obligaciones que son inseparables de sus derechos de guerra y la primera de esas obligaciones es la de respetar los derechos de los civiles o, con mayor precisión aún, la de respetar a aquellos civiles cuyas vidas quedan expuestas al peligro como resultado de las propias acciones que como soldados emprenden.
El principio del doble efecto, por consiguiente, necesita corrección.
Voy a sostener que el doble efecto sólo puede defenderse cuando sus dos resultados son producto de una doble intención: en primer lugar, que se realice el «bien»; y, en segundo lugar, que el previsible mal quede tan reducido como sea posible. "



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