Hijo de Satanás (fragmento)Charles Bukowski

Hijo de Satanás (fragmento)

"Monty estaba deprimido, bueno, deprimido no, sólo desanimado con la situación en general, el juego en general, la vida en general. Eran las 9 de la noche de un viernes y estaba solo en su piso, atrás quedaban los cinco días de trabajo como capataz en una fábrica de guarniciones de alumbrado. A veces tenía que trabajar los sábados, pero ahora se habían puesto al día con los pedidos, gracias a Dios. Odiaba su trabajo. Había sido más feliz cuando era un simple operario. Ahora tenía que controlar a los hombres, endurecerse de acuerdo con su cometido. Había aceptado el ascenso por la paga extra y ahora estaba arrepentido, más que arrepentido. Pero tenía 47 años, toda su vida había ido de un trabajo estúpido a otro trabajo estúpido. Nunca había tenido una ocupación decente, sólo trabajos con las manos.
Nada en la tele. Monty se sirvió un whisky. Había estado casado dos veces. En las dos ocasiones el comienzo había sido prometedor. Había habido risas y comprensión, y el sexo no había estado mal con ninguna de las dos mujeres. Pero gradualmente los matrimonios se convertían en empleos. Carecían de variedad. En seguida esos dos matrimonios se habían vuelto un concurso, un concurso de quién podía agotar al otro. Se habían vuelto un juego de odio. Monty tuvo que abandonar las dos veces. Con los ligues había sido más o menos lo mismo. ¿Cuántas vidas había como la suya? ¿Cuánta gente que simplemente continuaba de modo insensato?
Era la temporada de béisbol. Pero a él ya no le importaba quién se llevaba la copa. En aquellos momentos el presidente regresaba en avión de su viaje a China, decían que había firmado algún tipo de acuerdo con los chinos. A Monty no le importaba. Aquello sólo era una gilipollez más. No tenía ninguna importancia. Cuando cayera la bomba, los tratados también volarían por los aires. Junto con Monty, el solterón.
Se puso a hojear la revista de chicas que había comprado en la tienda de la esquina, en un momento de antojo. Las fotos de coños le aburrían. ¿Era eso lo que querían los hombres? Que farsa maldita, era como meter el mango de una fregona en un hoyo succionador. Siempre la misma cosa, siglos de la misma cosa. Un aburrimiento. "



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