Malos presagios (fragmento)Günter Grass

Malos presagios (fragmento)

"Según el relato de Reschke, no estaban presentes sólo familiares y amigos de los difuntos; diversos centros locales de las organizaciones patrióticas habían enviado observadores, y la Federación, a la señora Johanna Dettlaff. Se quería comprobar si quedaba asegurado el digno desarrollo de entierros alemanes en medio de la realidad polaca. Había que inspeccionar la situación del cementerio y recoger información sobre el cuidado de las tumbas. Además, había mucho interés por las tumbas de dos plazas. Como la señora Martha Eggert, viuda de Egon Eggert, estaba presente, podía estar segura de tener sitio luego al lado de su marido. Todo esto se preguntó a media voz. Y con una voz suave, siempre preocupada por la expresión exacta, Jerzy Wróbel respondía como un funcionario.
En sus notas, Reschke se siente conmovido aún por los primeros sepelios. Creo ver, al pasar el vídeo, que la Pitkowska, tanto en una como en otra ceremonia fúnebre, lloró bajo la ancha ala de su sombrero. Enternecedor que el juvenilmente atolondrado párroco de la iglesia de San Pedro, al comenzar su breve sermón fúnebre, se disculpara por su, como él dijo, «muy deficiente alemán». Un poco larga la plática del consejero consistorial Karau que, exageradamente, trataba de deslizar las palabras «terruño» y «regreso» en sus frases siempre a la caza de metáforas. En realidad, la señora Dettlaff, a la que creo reconocer en una dama majestuosa, elegantemente vestida de negro, quería pronunciar después de la bendición un discurso que llevaba preparado, como portavoz de la Federación, pero Reschke consiguió disuadirla: le dijo que, por favor, hiciera su contribución en otra oportunidad menos expuesta a malentendidos.
Con tanto tacto se desarrolló todo. En conjunto, los primeros entierros en el Cementerio de la Reconciliación se consideraron dignos y, lo que era de agradecer, libres de ruidos parásitos políticos, según juzgó la prensa. Durante los pésames, el cámara de vídeo captó, en lenta panorámica, las avenidas de tilos en forma de cruz, la gran rotonda, grupos de árboles aislados, aquí olmos y castaños, allí el sauce llorón y allá un haya de sangre, poniendo algunos acentos del lado polaco, al presentar usuarios del parque, mujeres con niños pequeños, jubilados, lectores, un bebedor solitario y desempleados que jugaban a las cartas, los cuales apenas prestaban atención a los entierros. Luego entra en cuadro la casa de ladrillo de aspecto de casa de brujas, a la entrada del parque o, en su caso, el cementerio y, con ella, el letrero de latón montado sobre ladrillos amarillos recocidos que anuncia, en lengua alemana y polaca, la futura utilización del parque como «Cementerio de la Reconciliación» - «Cmentarz Pojednania».
Los asistentes a los funerales mayores encontraron escandaloso que algunos de los asistentes más jóvenes, entre ellos un biznieto del finado, tomaran, para ir del hotel al cementerio y luego para volver, las ciclorrikshas de Chatterjee, «aunque —como escribe Reschke— no pasó nada indecoroso, porque las rikshas, como los taxis, hicieron el trayecto, sólo distinto en el precio, con ondeantes crespones a los lados». "



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