Las argonáuticas (fragmento)Cayo Valerio Flaco

Las argonáuticas (fragmento)

"Nace un nuevo dolor en la ciudad, y el llanto y el semblante antiguo por las casas todas. He aquí que les abandonan los muros otra vez, y ¿cuándo será tiempo de hijos que refunden su estirpe, que porten los cetros? Ahora la triste obra de la nefanda noche, ahora los silencios aquellos de la casa viuda les resultan más crueles, porque osaron tornar a los tálamos y a las cadenas quebradas y aceptar otra vez tales cuidados. También la misma Hipsípila, en cuanto vio las súbitas carreras por la costa y que los hombres abandonaban toda Lemnos, gime e interpela a Jasón con tal queja: «¿Ya con el primer sereno te place largar velas, oh vida más preciada para mí que mi padre? Poco hace que se calmaron los crueles mares. Así escaparía de puerto la nave si las hoscas Pléyades te hubieran retenido en la costa de la enfrentada Tracia. ¿Conque hemos debido vuestra demora al cielo y a las olas que impedían la navegación?» Dijo entre lágrimas, y le entrega como regalo que ha de pegarse al querido capitán una clámide de elaborado tejido. Allí ha moldeado con la aguja las ceremonias que fueron cómplices de la salvación de su padre y el pío carro: permanecen en pie los crueles batallones de las atemorizadas y les dan paso; tiembla alrededor un hórrido bosque en verde tela; huye el angustiado padre entre las sombras. Una parte representaba también el rapto del frondoso Ida y la célebre fuga del doncel; después en el éter servía gozoso la mesa, que hasta el mismo escudero de Júpiter recibe ya delicadas copas del lacayo frigio. Entonces, presentándole la espada y la conocida insignia de Toante, le dice: «Toma, para que en las guerras y entre el polvo del combate sea yo tu compañera; son dones flamígeros del dios del Etna que empuñó mi padre, dignos ahora de añadirse a tus armas. Parte, parte conservando el recuerdo de la tierra que os acogió, la primera, con calmo seno y, desde las riberas subyugadas de la Cólquide, trae de regreso tus velas, por este Jasón que dejas en mi vientre». Así habla cayendo sobre el cuello de su marido hemonio, y no menos triste se cuelga una esposa de la cerviz de Orfeo y de la tuya, Eácida, y de Cástor y de su gemelo.
Entre estas lágrimas es arrancada de las arenas el ancla perezosa. Ya los remos han arrebatado la nave, ya los soplos la llevan; la sigue la estela espumosa del timón que huye. Se desdibuja Lemnos y crece la tierra de Electra, que guarda el secreto de sus ritos tracios. Aquí reina el inmenso terror del numen, y están decretados castigos para las lenguas incautas. Jamás osa lastimarla con su aguacero un temporal enviado por Júpiter; el dios mismo encrespa por voluntad propia las olas cuando prohíbe tocar sus riberas a los marinos desleales. Mas a los Minias les sale al encuentro y los acoge en el país y en el santuario el sacerdote Tiotes, que revela a sus huéspedes los misterios. Desvelada hasta aquí por el poeta a los pueblos y a la luz del día, Samotracia, queda, y guardemos reverencia a los ocultos ritos. Ellos con el nuevo sol, gozosos y plenos de dioses, se sientan en las bancadas. Ya el marino perdía de vista las ciudades que antes había divisado y se acercaba Imbros a la proa, y el sol había ascendido a las alturas centrales del éter. Entonces por vez primera arribó una popa tesalia a las arenas dardanias, y por designio de los hados atracó en la costa sigea. Desembarcan; enseguida, unos plantan con las ligeras velas un blanco campamento, otros muelen el grano con una piedra arrastrada, otro muestra a las hojas el fuego obtenido de cantos frotados y lo alimenta con azufre amigo. "



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