Doctor Kuprov (fragmento)Alexander Herzen

Doctor Kuprov (fragmento)

"La influencia de la epidemia era de tal calibre que tuve la ocasión de observar su efecto en la organización más sólida y sana, e incluso allí vi toda su fuerza. Cierto sentimiento de intranquilidad, parecido al remordimiento, se apoderaba de los nuevos sujetos que se incorporaban. Les resultaba visiblemente penoso estar sanos, y hasta tal punto añoraban la locura que se curaban de las facultades mentales con diferentes bebidas alcohólicas. Advertí que, gracias a su uso regular y continuado, ciertamente lograban mantenerse en un estado artificial de locura que, poco a poco, se volvía natural.
De los funcionarios pasé a otros habitantes de la ciudad y, en poco tiempo, no quedó la más mínima duda de que todos estaban echados a perder. Dejo a quienes durante mucho tiempo trabajaron en algún descubrimiento que valoren el sentimiento de alegría que invadió mi corazón cuando me convencí de este valioso hecho.
La nuestra es una ciudad singular. Es capital de concejo y está poblada de casas y gentes diferentes, reunidas en torno a las oficinas públicas. Se diferencia de otras ciudades en que surgió, fundamentalmente, para goce y beneficio de las autoridades. Estas constituían la esencia, la flor, la raíz y el fruto de la ciudad. El resto de habitantes, como los comerciantes o los pequeños burgueses, estaban más que nada para que las cosas fueran como es debido, ya que resulta imposible que una ciudad exista sin ellos. Todo adquiría sentido únicamente en relación con la autoridad (es más, con el arrendamiento).
Los artesanos, por ejemplo, los zapateros y los sastres, cosían para los funcionarios botas y fracs; el dueño de la taberna tenía para ellos el billar. Otros que no servían en la ciudad se ocupaban exclusivamente del abastecimiento de los materiales que los funcionarios elegían para sus botas y sus fracs, y de los productos con los que se divertían en el billar.
En nuestra ciudad se calculaba una población de cinco mil habitantes. De ellos, unos trescientos estaban sumidos en un penoso aburrimiento por falta de trabajo, y cuatro mil setecientos estaban sumidos en una penosa actividad por falta de descanso. Aquellos que trabajaban día y noche no ganaban nada, y aquellos que no hacían nada ganaban mucho sin cesar.
Habiendo confirmado sobre bases sólidas las estadísticas generales de la locura, pasemos de nuevo a casos particulares. En calidad de médico, me llamaban con frecuencia para curar el cuerpo allí donde correspondía curar el alma. Es increíble en qué embriaguez de despropósitos, en qué locura aguda se encontraban todos mis pacientes de ambos sexos. "



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