La sangre de los otros (fragmento)Simone de Beauvoir

La sangre de los otros (fragmento)

"Era primavera. A la noche, a la salida del taller. Paseaba con Helena por los Quais de Asniéres. Compraba ramos de violetas en las esquinas. Sentados ante unos vasos de cerveza color caramelo, escuchábamos el desgranarse de las campanillas de los cinematógrafos bajo el cielo malva. Unas parejas muy semejantes a la nuestra subían y bajaban despaciosamente por la avenida de Clichy. Yo seguía ansiosamente con los ojos a esos hombres que gozaban con el corazón tranquilo la dulzura de la noche. No tenían el aspecto de criminales: el gusto de la cerveza y el tabaco, el brillo de los carteles luminosos, el color de las muchachas, nada de eso me parecía culpable. Estábamos allá bañados por el tierno refugio de París, no hacíamos mal a nadie. Y, sin embargo, estábamos también allá en Barcelona, en Madrid; ya no éramos unos paseantes inofensivos, sino unos buenos cochinos. Con la misma seguridad que en esas calles festivas, existíamos bajo los cielos negros atravesados por el zumbido de los Stukas; existíamos en Berlín, en Viena, en los campos de concentración donde los judíos dormían en camisa sobre el suelo empapado, en las prisiones donde se pudrían los militantes del socialismo; una existencia mísera, aplastante, que se confundía con la de los alambrados, con las piedras impenetrables, con las ametralladoras y las tumbas. Esos rostros indiferentes donde dejábamos abrirse nuestra sonrisa, eran para otros hombres el rostro mismo de la desdicha. "


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