Una vieja historia (fragmento)Jonathan Littell

Una vieja historia (fragmento)

"Se inclinó hacia él y le ayudó a limpiar las colas de las cigalas mientras que el chico, recuperando la confianza, intentaba quebrantar una pinza con sus dientes de leche. Yo todavía aguanté un momento aquel espectáculo y luego me levanté, retiré mi plato y vacié las cigalas intactas en el cubo de basura, pero conservando la copa para volver a servirme. Sobre la mesa baja había un frutero lleno de manzanas de colores diversos; cogí una verde, me senté en el diván dando la espalda a la mesa donde el niño terminaba de cenar, y le hinqué el diente, saboreando el zumo ácido que se mezclaba con las notas más florales del vino. Oí que los dos se levantaban, intercambiaban unas palabras, recogían la mesa y bajaban la escalera en dirección a la habitación de abajo. Yo no levanté la cabeza y me acabé la manzana. Me sentí como vibrar, como si estuviese encerrada en mí misma y tuviese que salir de ahí a toda costa. Frente a mí, el sol acababa de desaparecer detrás de los árboles y yo imaginé que sentía sus últimos rayos acariciando la piel de mi rostro. Cuando el hombre subió le seguí sin decir ni mu, desviando mi mirada de sus caderas musculosas que se mecían en la penumbra de la escalera. Arriba, él vaciló, encendió la lámpara de la mesita de noche, contempló las hierbas verdes bordadas sobre la fina frazada, me dedicó una mirada angustiada, dirigió de nuevo su mirada a la cama, las paredes vacías, la ventana tras de la cual apuntaban en la oscuridad las ramas locas de la glicina. Su vista fue a dar con la papelera; en un gesto exasperado se agachó para rescatar las fotografías, luego se volvió hacia mí, blandiéndolas con rabia. "


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