Querido suegro (fragmento)Tibor Déry

Querido suegro (fragmento)

"Mientras el marido iba al guardarropa a buscar el abrigo de su mujer, yo me acerqué a su mesa y dejé caer mi tarjeta con mis señas y el teléfono. Y al día siguiente acudió a mi piso. Es evidente que no quiso llamarme antes por temor de no entendernos en inglés. Así que se presentó sin previo aviso, por las buenas… Sin palabras, pero con su sonrisa… Hay que imaginar una cita que se desliza según la fórmula más antigua del amor, eliminada la razón, sólo con la unión de los cuerpos. En lugar de hablar, las dos personas se limitan a sonreírse, entrevistándose apenas en la penumbra de la habitación; y sólo unos rayos tenues atraviesan las persianas y alcanzan el lecho. Nada interrumpe la charla agradable de los cuerpos, por el hecho de que se limitan al disfrute mutuo, y ningún atractivo ajeno se entremete en esa pura unión. Szilvia no buscó en mí dinero ni joyas, ni deseaba que colocase un original suyo a mi editor; sólo me deseaba a mí. Una gota de aventura con un hombre que podía aliviar su sed, por un capricho del azar. Y aliviar también la sed inextinguible de su ardiente naturaleza. Además, tienes que imaginar —continué— aquel majestuoso silencio tras los susurrantes jardines de Pasaret, y nuestros cuerpos dialogando en una habitación oscura. La serpiente del Edén, esa imperfecta razón humana, no pudo abrir la boca, y allí no había más voz que las caricias de una mano contorneando el cuerpo, el aliento profundo de unas respiraciones, algún suspiro de admiración y el tacto sutil de nuestros abrazos. No había nada que decir; triunfamos en la prueba de entendernos sin palabras. La naturaleza nos ayudó a demostrar que existe una razón para vivir. Quizá te estoy resumiendo la última gran lección de mi vida: tendré que casarme con una mujer muda. "


El Poder de la Palabra
epdlp.com