Télex desde Cuba (fragmento)Rachel Kushner

Télex desde Cuba (fragmento)

"Y aquello se parecía muchísimo a Oak Ridge, unos enormes edificios industriales con chimeneas que soltaban nubarrones de vapor y bocanadas de humo. A Everly le divertía ver las diferencias entre el vapor y el humo, que son muchas. Vapor es lo que suelta una taza de café caliente y una carretera de Tennessee después de una tormenta de verano. Humo es lo que sale de Gamble Valley, la barriada negra de Oak Ridge donde siempre hay algún incendio, y también lo que se ve en el aire sobre K-25, la planta de seguridad en la que trabajaba su padre. Aquel aire olía a veneno y picaba al respirarlo. La planta K-25 soltaba un zumbido constante y estaba tan cargada de electricidad que casi se notaban los chispazos. En las tripas de la fábrica había un imán gigantesco y se decía que si te acercabas demasiado a la verja la fuerza magnética te arrancaba los clavos de los zapatos y te tiraba al suelo. Cuando fue de excursión con su grupo de los scouts, la guía les hizo quitarse los zapatos al pasar por delante. Les tocó ir descalzas en fila india y mancharse los calcetines de barro.

[...]
Al descender la plataforma, la gente bajó al muelle en tropel. Unos trabajadores con guantes y ropas mugrientas comenzaron a desembarcar el cargamento y, al tiempo, otros bajaban lentamente unas cajas de madera que, colgadas de unas enormes grúas, se bamboleaban por los aires hasta que las soltaban en el muelle. Los hombres trabajaban en fila, dándose gritos en español y pasándose de mano en mano las cajas que el último de ellos iba apilando en carretillas para transportarlas a la aduana. Todos calzaban unos zapatos toscos que parecían de cuerda y movían los bultos con un cigarrillo colgado entre los labios. Todos eran negros de piel todavía más oscura que los chicos del muelle, de un tono morado negruzco como el estambre polvoriento de un tulipán. Everly se acordó de Mavis, su asistenta de Oak Ridge, la única persona negra que conocía. Siempre miraba al suelo y decía «Sí, señora» o «No, señora» cuando la madre de Everly le mandaba hacer algo o le decía que quitara la radio, en la que no se cansaba de escuchar esos malditos himnos religiosos. El marido de Mavis la iba a buscar y se quedaba esperándola en la parte trasera del jardín. Él también miraba al suelo y procuraba no acercarse mucho a la casa. Pero esos hombres del muelle se reían, gritaban y al ver bajar por la rampa a una mujer guapa con un vestido ceñido le miraban el trasero, temblón a cada paso. Uno de ellos soltó un silbido. "



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