Noche de Madrid (fragmento)César M. Arconada

Noche de Madrid (fragmento)

"Hay en Madrid noches de vivas y resplandecientes estrellas, noches calurosas que la frescura de la madrugada acaricia como el aliento de una amante. La gente vela en los balcones al lado del botijo que rezuma agua fresca. Los tiestos de flores despiden olor a hierbabuena y geranios. En la calle resuenan pisadas y voces como bajo la bóveda de un monasterio. Se oye el tintineo de las llaves de los serenos que corren a abrir las puertas. Bajo un farol cantan dos solitarios borrachos su melopeya de vino tinto... Y Madrid toma entonces un aspecto íntimo, de pueblo castellano, de ciudad de provincia con campanadas de reloj, calle con tapias de convento, pequeñas plazas con palacios antiguos y acacias que despiden penetrante perfume.
¿Cómo desdeñar los invitadores trasnoches por las calles de Madrid? Y muchos días, Don Justo —y lo mismo hace por su parte don Arcadio—, después de despedirse, en vez de entrar en casa se va por las calles, camina que camina, al azar de los pasos, divagando, soñando, y mezcla, con sonambulismo de fascinación, su propio mundo de fantasía y el mundo de encantadas sombras y siluetas que parecen transitar por las viejas calles de Madrid.
Don Justo está ahora cesante de su empleo. Liberal toda su vida, madrileño patriota, hombre generoso y bueno, le echaron de su cátedra. Pero Don Justo no hace de su situación una tragedia. Es un soñador, y para ciertos hombres tener sueños, caminar entre sueños, es como estar iluminado por una luna de belleza. Pero en cambio sí que siente como tragedia el dolor actual de España, el dolor de Madrid.
Hoy es una de estas encantadoras noches de Madrid, irresistible, llena de tentaciones, y Don Justo, que se siente lírico en el goce nocturno de su ciudad querida, marcha por las calles, sin saber adónde ir ni a qué fin, a divagar, a soñar, a soñar. "



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