No más miedo (fragmento)Erica Jong

No más miedo (fragmento)

"Tiré todas las respuestas a la papelera virtual, las borré y apagué el ordenador. Debí de volverme loca en el momento en que di mi verdadera dirección. Me engañé pensando que ahí acababa todo. Otra mala idea abortada. Volví a mi vida de casada como una autómata. Siempre he sido impulsiva, y la gente impulsiva sabe cómo evitar sus impulsos. El sexo era un lío, eso a cualquier edad, pero, a los sesenta —vaya, se me ha escapado—, ya era una broma. A las mujeres no se les permite sentir pasión a los sesenta. Se supone que tenemos que convertirnos en abuelas y retirarnos, que nuestra condición es la de una serena ausencia de sexo. El sexo es para las de veinte, treinta, cuarenta, incluso cincuenta. El sexo a los sesenta es una vergüenza. Incluso si tienes buen aspecto, ya sabes demasiado. Ya conoces todas las cosas que pueden salir mal, todos los inconvenientes a los que te arriesgas, todos los peligros que supone jugar con desconocidos. Sabes que la discreción no es más que una fantasía imposible. ¡Y ahora había dejado mi e-mail en manos de toda la gentuza que hay en internet!

Además, adoro a mi marido y lo último que quisiera es hacerle daño. Siempre he pensado que, al casarme con alguien veinte años mayor que yo, me arriesgaba a pasar mis últimos años sin sexo. Pero él me había dado tantas otras cosas… Me había casado con él cuando tenía cuarenta y cinco años y él sesenta y cinco, y había sido estupendo. Me había curado todas las heridas que tenía de los matrimonios anteriores. Había sido un padrastro buenísimo para mi hija. ¿Cómo me atrevía a quejarme porque en mi vida faltaba algo? ¿Cómo me atrevía a poner un anuncio en busca de Eros?

Mis padres se estaban muriendo y yo empezaba a volverme inimaginablemente mayor; pero ¿era eso un motivo para buscar lo que mi vieja amiga Isadora Wing había llamado polvo súbito? Seguro que sí. Era eso o el éxtasis espiritual. Por lo visto, los creadores de zipless.com se habían apropiado de la expresión de Isadora sin pagarle ni un céntimo. La compañía que compró los derechos cinematográficos fue vendida a una compañía que tenía derechos editoriales, que a su vez fue vendida a una compañía que explotaba derechos digitales, que fue vendida a una compañía que explotaba expresiones conocidas. Así es la vida de los escritores, tan salvaje como la de los actores. "



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