Memorias de un luchador (fragmento)Enrique Líster

Memorias de un luchador (fragmento)

"Los cubanos son hospitalarios, generosos, francos en el trato y serios en sus relaciones, aunque a los que sólo ven de los hombres y de los pueblos lo exterior le pueda parecer lo contrario al presenciar la alegría que los cubanos ponen en todas sus cosas. Yo pienso que esa alegría, ese entusiasmo con que los cubanos se enfrentan con la vida, es, precisamente, una de sus grandes virtudes. Entre el pueblo cubano uno no se puede sentir extranjero, y yo, pasados los primeros meses, me había convertido en un verdadero patriota de mi barrio de Belén, y cuando en 1961 volví a Cuba después de más de treinta años de ausencia, mi primera visita fue para él. Recorrí sus calles, visité las casas donde había vivido e imaginaba lo que había sido de mis amigos de “pandilla”.
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Este odio a la Guardia Civil, surgido en la niñez por un hecho familiar, con el tiempo había de ir adquiriendo un contenido de clase. A mi regreso de Cuba a la tierra natal yo había de ver el verdadero papel de los miembros de ese cuerpo duro y disciplinado, dedicados a servir exclusivamente a los poderosos, los ricos, los caciques, los curas, y a perseguir a los pobres, los explotados, es decir, a la inmensa mayoría de los aldeanos.
Hay que haber conocido lo que era la Guardia Civil en los medios rurales y en la época a que me estoy refiriendo. Bastaba que el cacique le diera la orden de sacar a uno del medio, para que le metieran una paliza tal que, unas semanas o unos meses más tarde, lo llevaba a la tumba.
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Yo, que no entiendo nada de poética, les estoy profundamente agradecido a los poetas por el importante papel que la poesía ha desempeñado durante la guerra. He sido siempre partidario de los discursos cortos, directos, que lleguen al corazón, calienten la sangre y dejen en el cerebro de los que escuchan materia de reflexión. Por eso, una buena poesía era para mí algo así como varias horas de discursos resumidos en unos pocos minutos. He podido comprobar muchas veces que una poesía capaz de llegar al corazón de los soldados valía más que diez largos discursos. Recuerdo cuando, en los días más difíciles de Madrid y luego a lo largo de toda la guerra, venían Miguel Hernández, Herrera Petere, Juan Rejano, Serrano Plaja, Pedro Garfias, Altolaguirre, Emilio Prados y otros poetas a las trincheras a recitar a los combatientes sus poesías y lo que éstas representaban como materia combativa, explosiva, de reforzamiento de la moral de combate y de confianza en la victoria; de impulso para la realización de actos heroicos individuales y colectivos. "



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