Última carpida (fragmento)Valdomiro Silveira

Última carpida (fragmento)

"En tiempo y forma, se hicieron los trasplantes; los cafetos aparrados tuvieron una ligera poda; a los más maduros se les quitaron los brotes inferiores; y, por último, Cancán arrimó tierra a cada planta, quebrando los gajos secos, juntando ramas y hojas. A no ser por sus gallinas, y por algún tiziu o patativo asustado, cuando no una bandada errante de papagayos corraleros, no tenía compañía en la labor.
Se acostumbró bien a la vida solitaria: vivía en cualquier rancho de paja, con la calabaza de agua y las vasijas de víveres, años y años, soportando esteras deformes, dándole poca importancia a las fiestas que se hacían en la capilla. Ahora, como la tierra ayudaba, tuvo permiso para plantar en el cafetal nuevo, y consiguió un poco de todo, de acuerdo con el tiempo: poroto y mijo, mangarito y calabaza, mandioca y sésamo.
¡Qué mano bendita! El poroto, que por todas partes estaba sufriendo el rigor de la sequía, y apenas había echado vaina y granos, secándose prematuramente, le vino a las mil maravillas, se intrincó bien, se arrastró por el suelo, cargado de vainas llenas; las nacientes espigas de mijo tenían buen aspecto; el mangarito se apiñaba como una pequeña mata; y hasta la mandioca vassourinha, que todos decían que era novata por esos rincones, frondoseaba en rica victoria de fuerza y frescura. "



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