Butterfield 8 (fragmento)John O'Hara

Butterfield 8 (fragmento)

"O se contaban historias más largas, que empezaban «Una vez, cuando era pequeño» y que hablaban de matar serpientes, o de romperse un dedo, o del día que estuvieron a punto de salvarle la vida a alguien. Recordaban las historias que aparecían en The American Boy; ambos habían sido grandes admiradores de Marcus Aurelius Fortunatus Tidd, el gordito tartamudo creado por Clarence Budington Kelland, y de las historias de indios de Altschuler, y de las chicas de Bradford Hall, y de Larry el Murciélago y Silver Nell… ¿no se llamaba así? ¿El de las historias de Jimmie Dale? Eran para mayores, pero después de leerlas Eddie había llenado el barrio de sellos de color gris. ¿Qué coche tenía Gloria? No tenía, hasta que a los doce años, más o menos, su tío se compró un Haines, que luego cambió por un National. Oh, pero esos no eran coches antiguos. El padre de Eddie había tenido un Lozier, un Abbott-Detroit, un Stutz Bearcat (que estampó a las tres semanas de comprarlo), un Saxon, un Earl, un King Eight… Siempre comprando coches. También un montón de Fords, naturalmente, y un Owen Magnetic de segunda mano, y un aeroplano. El aeroplano lo había ganado en una partida, pero le daba miedo aprender a volar. ¿Gloria había jugado al diábolo? Una vez, y se había dado con él en la cabeza. ¿Alguna vez vendiste huevos de Pascua pintados para ganarte una cámara de cine? ¿Conociste a alguien que ganara un poni de las Shetland vendiendo suscripciones a alguna revista? No, pero una vez se había ganado un cochecito de juguete guardando los envoltorios del pan. ¿Qué decías cuando tenías que ir al baño? ¿Conociste a algún niño que robara nidos de pájaro? No, eso era como lo de la gente que preparaba ginebra en la bañera. Ninguno de los dos había visto a nadie preparar ginebra en la bañera.
[...]
Él la acompañaba a casa, aunque ambos sabían que enseguida volvería a salir, y, al término de aquellas tardes felices que siempre concluían con la certeza de que no tenían nada a que aspirar, el siguiente hombre en poseerla se decía: «Caramba, creía que lo había visto todo, pero, después de todos los sitios donde he estado y de todas las mujeres que he conocido, tiene que ser una chiquilla, y además americana, la que...».
Por culpa de los estudiantes de Yale llegó el aborto y, después de eso, un sinnúmero de juergas. La noche que se fue por primera vez con Weston Liggett, la jarana había empezado después de verse con Eddie. Había pasado un par de veces por casa para cambiarse de ropa (hacía tiempo que en su casa habían comprendido que no le gustaba que le hicieran preguntas cuando le decía a su madre que iba a quedarse en casa de una amiga). Una de las peores cosas en días como ese era salir de un speakeasy por la tarde y ver que aún era de día; entonces se iba a casa, a apurar las últimas horas de sol con un baño y un cambio de atuendo. El lugar donde encontró a Liggett era una antigua cochera reconvertida; aparte de eso, era un local exento de carácter. Lo frecuentaban mujeres mantenidas y personas de posición moderadamente acomodada que vivían por el barrio. Gloria fue allí después de que unos conocidos le dijeran por teléfono que iban a reunirse en el local. Cuando se presentó —hacia las nueve y media de la noche—, comprobó que estaba sola, a excepción de una pareja formada por una especie de militar anciano y una joven resuelta a sacarle todo cuanto llevara encima. "



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