La noche (fragmento)Trinh Xuan Thuan

La noche (fragmento)

"La luz artificial no solo perjudica a los astrónomos y a los amantes del cielo estrellado. También desequilibra a la fauna y la flora. Al menos 30% de los vertebrados y más de 60% de los invertebrados son animales nocturnos; el resto son especies crepusculares. Cuando estamos durmiendo abrigados y protegidos en la cama, afuera hay todo un mundo nocturno que se mueve y se ocupa en una gran variedad de actividades: migración, acoplamiento, alimentación, polinización, etc. En suma, todo lo que hace que la biodiversidad exista. Con la contaminación lumínica, estas especies pierden el sentido de orientación, sus ritmos circadianos, calcados precisamente sobre las 24 horas del día y de la noche, sus ciclos reproductivos resultan perturbados, son más vulnerables ante sus depredadores, lo cual altera el equilibrio ecológico. Las primeras víctimas de esta anormalidad son las aves migratorias. El alumbrado nocturno hace que pierdan sus puntos de referencia celestes. El número de aves muertas tras un choque contra las ventanas de los edificios durante su recorrido migratorio alcanza los 100 millones al año. La contaminación lumínica también puede despistar el desplazamiento de ciertas especies polinizadoras, como las mariposas nocturnas. Y eso tiene consecuencias directas en la flora que necesita esta polinización para florecer. Las luciérnagas, de igual manera, resultan afectadas: la luz artificial anula el efecto fluorescente de la hembra, por lo cual ya no puede ser encontrada y fecundada por los machos. El alumbrado nocturno trastorna los ecosistemas en su conjunto. En los lagos, un alumbrado excesivo puede causar que el zooplancton deje de alimentarse de algas, las cuales terminan proliferando; la actividad bacteriana crece, el agua del lago se empobrece en oxígeno y numerosas especies de invertebrados y peces mueren por asfixia.
Amar la noche, domarla, habitarla también significa rendir homenaje a la fauna y la flora de nuestro planeta. Es celebrar el gran ritmo de la Naturaleza. Glorificar la fabulosa aventura de la Creación. Proteger la emoción eminentemente poética y espiritual que nos une al universo.
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La noche no solo es las formas que se atenúan ni los colores que se aniquilan. Como para compensar la vista que, por falta de luz, se debilita, los otros sentidos se avivan. El sentido del tacto se agudiza, avanzamos a tientas por la oscuridad para evitar los obstáculos. Pero es el oído el que más se despierta en la noche. Ella amplifica los sonidos y las resonancias. El ruido anodino de un crujido de madera cautiva nuestra atención, inspira el horror, mientras que en el día pasaría desapercibido. Un simple acontecimiento ordinario toma una dimensión dramática por la noche. El silencio se magnifica. «Hay lugares privilegiados en donde el silencio impone su sutil omnipresencia, lugares en los cuales se puede especialmente realizar su escucha, lugares en los cuales, a menudo, el silencio aparece como un ruido suave, ligero, continuo, anónimo», dice Alain Corbin. Son los sonidos del silencio: «El sonido es semejante al silencio; es una burbuja que inmediatamente estalla sobre la superficie del silencio», dice Henry David Thoreau.
Al caer la noche, un silencio hechicero se aposenta. Siempre que salgo a los observatorios en lo alto y perdidos en las extensiones desérticas, experimento la embriagadora sensación física de estar en un espacio sin límites. Desde lo alto de los observatorios, la vista parece perderse hasta el infinito. Durante la noche, percibo dentro de mí la mezcla de un sentimiento indecible de infinito y la sensación vertiginosa de una conexión cósmica. La bóveda estrellada me aparece tan cercana que tengo la impresión de que estoy flotando en el espacio, como si bastase tender la mano para bajar las estrellas del cielo. El infinito del espacio nocturno se une al silencio cautivador que flota en esos parajes.
El silencio de una noche con Luna tiene una densidad peculiar. Proust habla de una música del claro de Luna: «llega en la vida un momento […] en que los ojos cansados no soportan más que una luz, la de una hermosa noche […] en que los oídos ya no pueden escuchar otra música que la que toca el claro de luna sobre la flauta del silencio». "



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