Musicofobia (fragmento)Juan Pérez Zúñiga

Musicofobia (fragmento)

"Doña Blanca Puntillo de Valz era una señora particularísima.
La música no era para ella, como lo es para otros, «el ruido que menos incomoda». Era, por el contrario, el ruido más insoportable.
Aborrecía a Wagner, odiaba a Rossini, sentía horror hacia Chueca y hasta solía faltar gravemente a la señora madre de Beethoven, considerando como verdaderos criminales a todos los músicos del orbe, desde el rey David hasta Quinito Valverde.
Cuando tenía que buscar cuarto, lo primero que hacía era preguntar a las porteras:
—¿Hay algún piano en la casa? ¿Acostumbra usted a cantar mientras limpia la escalera? ¿Estudia el trombón alguna señorita de la vecindad? ¿Entra el sol por las ventanas?
Y si le daban contestación afirmativa, huía de allí como alma que lleva el diablo. Sobre todo, rechazaba las casas que tenían gas, porque las fugas, aunque no fuesen las de Bach, le inspiraban horror.
No iba a más teatros que a los de verso, y en los entreactos escapaba de la sala, temerosa de que le sentase mal la cena por culpa del sexteto.
Una vez se vio comprometida para asistir a un funeral, y por poco no se derrumba sobre un capellán bizco en cuanto sonaron los primeros piporrazos, pudiendo aguantar la ceremonia gracias a que llevaba en el bolsillo dos caramelos de los Alpes y se los colocó en ambos oídos a muerte o a vida.
[...]
Vivió antimusicalmente buen número de años. Un día enfermó del estómago, por el disgusto que le dio su cocinera presentándole un timbal de macarrones; quedó muy delicaducha y, al considerar que estaba hecha una gaita y que su mal residía en un órgano, murió de pesadumbre.
Conocido todo esto, díganme ustedes si es digna de estudio o no lo es, la tal señora doña Blanca Puntillo de Valz, de quien, dicho sea de paso, no se logró jamás que firmara con sus musicales nombres.
Después de su fallecimiento, he sabido únicamente dos cosas: que el horror a la música tenía por causa lo mucho que su padre la había solfeado, y que una vez muerta los herederos se desquitaron haciéndole unos funerales de tres bemoles. "



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