Los diez mandamientos (fragmento)Jane Goodall

Los diez mandamientos (fragmento)

"Las visitas a los museos de historia natural pueden ser instructivas y divertidas, sobre todo cuando sabemos que los animales que vemos disecados murieron en zoológicos o fueron recogidos en accidentes de tráfico, en lugar de haber sido criados para esas exposiciones. Sin embargo, nunca olvidaré la primera vez que me adentré en los interiores de un museo de historia natural en Nairobi, Kenia. Le hice una pregunta sobre un pájaro a un ornitólogo que había allí y me llevó dentro a ver la colección. No podía creer lo que estaba viendo -un cajón tras otro de aves muertas, disecadas, embalsamadas, puestas en fila con los picos en paralelo con el fondo del cajón, las patas extendidas junto a sus colas-.
En uno de los cajones había por lo menos veinte ejemplares de una única especie de ave cantora, todos oliendo a humedad y a conservantes, con pequeñas tarjetas identificativas atadas a las patas. Y esto se repetía en todos los cajones de las aves más pequeñas. Cerré los ojos. Podía imaginar perfectamente el miedo que siente uno de estos pájaros cuando se enreda en una de las “redes de niebla”, esas trampas de redes muy finas que colocan los ornitólogos en los lugares de paso para atrapar a aves de bosques. Podía imaginar el pánico creciente al luchar por liberarse, los latidos del minúsculo corazón al ver acercarse al temido humano. Y, después, el chasquido de la vértebra del cuello. Una vida más sacrificada en aras de la ciencia. Ya no estaba interesada en que me contestara a la pregunta que le había hecho.
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Para algunas especies lo que resulta más perturbador todavía es la colocación de collares de radio. Para ello se debe atrapar a los individuos o dispararles desde un coche o helicóptero con un rifle con el que se les duerme; después se les pone un collar que emite una señal única que permite que ese individuo sea localizado desde muy lejos. Con este método se ha recopilado mucha información extremadamente útil, sobre todo para determinar el territorio y los movimientos de animales tímidos o nocturnos como los jaguares, los pumas y los tigres. Pero a pesar del hecho de que los que realizan este trabajo son normalmente investigadores muy preocupados por el bienestar de los animales, suelen ocurrir accidentes. Durante la primavera de 2001 murieron tres lobos en el Parque Nacional de Denali, en Alaska, después de que se les disparase con un dardo anestésico. Por otro lado, todo el proceso, y especialmente cuando se trata de disparar a lobos, osos y otros animales desde helicópteros, resulta muy estresante. Un investigador que estaba estudiando hienas en el cráter de Ngorongoro en Tanzania dejó puestos los radio-collares a los animales al terminar su trabajo de campo.
Cuando Hugo y yo, unos años después, empezamos a observar a las hienas en ese mismo lugar, descubrimos a un macho adulto al que obviamente le habían puesto un collar de joven y tuvimos que encontrar a alguien que pudiera dormirlo para poder quitarle el collar, que estaba tan apretado que casi no podía tragar. Esto demuestra una inaceptable falta de interés por el bienestar de los animales como individuos. Algunos investigadores duermen a los animales para después marcarlos y poder identificarlos posteriormente. Un científico colocó etiquetas de colores en las orejas de los leones que estaba estudiando. Me quedé horrorizada cuando las vi: eran tan grandes y llamativas (para que el científico pudiera identificarlas con facilidad) que seguramente interferían en el éxito de los leones al cazar. Las presas de los leones detectan rápidamente cualquier cosa anormal en su campo de visión.
El hecho de que existan tantos científicos que manipulan a los animales con justificaciones diversas y en contextos distintos de formas que personas ajenas al mundo científico no tolerarían es algo muy preocupante. Con demasiada frecuencia se utilizan procedimientos que no benefician en absoluto a los animales, con el objetivo de que los investigadores consigan material sobre el que escribir una tesis doctoral, un artículo científico o un libro. No obstante, a medida que más científicos admiten que los animales tienen sentimientos y se permiten a sí mismos sentir empatía por sus sujetos de estudio, hay más esperanzas de que empiecen a cuestionarse si son realmente necesarios los métodos estresantes e invasivos, si no existen mejores formas de hacer las cosas. "



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