Los vencedores (fragmento)Manuel Ciges

Los vencedores (fragmento)

"Como si el venero de sus riquezas hubiera de ser perenne, jamás se han preocupado en buscar idóneas sucesiones. Burgueses al fin, dueños del dinero que seduce y por el que la humanidad se afana, ni siquiera trabajan para legar á su descendencia este poderoso elemento de dominación. Cuanto se produce se consume: las reservas no existen, la fábrica envejece y decae, las minas rinden pródigamente; pero cada tonelada de hulla que se extrae es un hueco en el oculto tesoro de la tierra que no han de rellenar los gnomos… La injusticia pertenece á los hombres, pero la justicia del tiempo no se elude, y al derroche presente, autorizado y protegido por las leyes, sucederá la miseria de mañana. Mañana distante, sin duda, que hará más triste la miseria de los caídos, á quienes sólo llegará un legado de vicios, mientras que el polvo de las infinitas iniquidades de sus antepasados envuelve ahora á otros infelices. Y mientras la obra justiciera del tiempo llega al término de su realización, la injusticia social persevera, declarando árbitros de enormes riquezas á los que nada hacen por crearlas, por conservarlas, ni por transformarlas. Las riquezas en esta gente inepta ha sido fomento de la vanidad, y su último ensueño enlazar con aristócratas… Sobre todo la orgullosa écuyère… ¡Ella, una artista de circo, amante de medio París, verse primero rodeada de oro, y luego emparentada con títulos nobiliarios!… ¿Que ellos eran estúpidos y estaban arruinados?… ¡Menos había sido ella, y, en fin, ostentar blasones en el coche algo valía!
Si para ascender en categoría social era necesario descender antes, gustosa se humillaría para implorar amablemente un enlace con sus hijas, reproduciendo el caudal de seductoras sonrisas con que años pasados gratificaba al publico de los circos y conquistaba amantes y triunfaba de un joven calavera que por cientos contaba los millones.
Y no la buscaron para concertar el primer enlace. Buscó con disfrazados artificios. Era el deseado hijo de un vecino conde, de título muy sonado donde esas cosas preocupan… Era también el conde un diplomático muy bien relacionado en casi todas las cortes europeas. Además de conde y diplomático, era hombre de talento, rico, agudo, con eficaz encanto en la palabra. Las artes hábiles de la antigua écuyère no pudieron esconderle la intención, y con su exquisita amabilidad de hombre de gran mundo, sabía eludir el compromiso y alejar á su hijo de los lugares donde pudiera ser inducido en tentación.
Cuando el invierno se acercaba, huía de aquellas inmediaciones; pero al volver en verano, otra vez tenía que eludir las redes que á su hijo tendía la astuta Circe de los valles.
Tampoco faltaron los oficiosos intermediarios. Muchos amigos lugareños, que por la tarde componían su tertulia ó le acompañaban en sus excursiones, le aconsejaban el enlace de su hijo, ponderando las riquezas visibles de la Fábrica y los fabulosos tesoros que se albergaban bajo los verdes y pomposos montes circundantes. El conde confirmaba siempre este último punto; durante un buen rato hacía cálculos sobre los ocultos tesoros y los años que pasarían antes de llegar al término de su extracción, y muy hábilmente desviaba el curso de la charla hasta concluir diciendo finos chistes ó narrando galantes historias de los países que había recorrido ó de las muchas personas que había tratado. "



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