La tempestad (fragmento)Juan Manuel de Prada

La tempestad (fragmento)

"Aún atisbé por el hueco de la escalera el rectángulo de noche que se colaba a través de la puerta principal, expedita a cualquier paseante o ladrón intempestivo. Atravesábamos una sala con techo artesonado, reservada a cuadros del Trecento, vírgenes hieráticas que revelaban influencias bizantinas, trípticos que narraban episodios hagiográficos, con fondos sobredorados y una labor de marquetería que distraía la atención de la pintura y la desviaba hacia los marcos. Gabetti hacía zigzaguear la luz de la linterna sobre aquel santoral profuso, como un padre que comprueba el sueño de sus vástagos. En las salas contiguas, el
Quattrocento estaba representado por Piero della Francesca, Andrea Mantegna y Cosmé Tura, entre otros: las figuras ganaban en expresividad y también en morbidez, la perspectiva empezaba a intervenir en las composiciones, y el fondo de los cuadros ya no se resignaba a esa monocromía de los iconos.
[...]
Los exégetas de La tempestad ponen los ojos en blanco y exclaman arrobados: «¡Oh, aquí se inventa el paisaje! ¡Aquí la naturaleza adquiere protagonismo!» Mamarrachadas. El paisaje no es fruto de una invención puntual, sino el resultado de un larguísimo proceso. Los pintores flamencos y tudescos empezaron a desarrollar un gusto por los fondos exóticos, y esa moda no tardó en ser importada a Italia. Los clientes que encargaban cuadros a Giotto o Mantegna exigieron que sus encargos recogieran la moda, y muy poco a poco ese fondo secundario fue erigiéndose en tema central del cuadro. Fíjese en esta Piedad de Giovanni Bellini, por ejemplo: es un cuadro diez años anterior a La tempestad, aproximadamente; en él, el paisaje ya cobra un protagonismo que, para la época, casi resulta irreverente. "



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