Tiempos recios (fragmento)Mario Vargas Llosa

Tiempos recios (fragmento)

"Pero Marta no volvió a pegar los ojos. La carretera estaba llena de agujeros y su cuerpo se golpeaba contra el espaldar del asiento a cada bache. Cuando entraron a esa ciudad grande, ¿cuántas horas habían pasado? No tenía la menor idea, había perdido la noción del tiempo. ¿Tres, cuatro, cinco? Seguía siendo noche cerrada.
Gacel debía conocer muy bien la ciudad de San Salvador, porque no se paró ni una sola vez a preguntar la dirección a los muy escasos transeúntes que circulaban en las calles como sombras. Comenzaban a apuntar las primeras lucecitas del amanecer en el horizonte. Había dejado de llover.
Finalmente, el auto se detuvo en la puerta de un hotel. Gacel bajó a sacar su maletín y la ayudó a salir del coche. Nada más entrar al local Marta vio al teniente coronel Abbes García, siempre en ropa de civil, sentado en uno de los sillones de la entrada. Daba la impresión de que acabara también de llegar. Al verla se levantó y fue hacia ella. La cogió del brazo y, en vez de llevarla hacia el mostrador donde había una solitaria mujer observándolos, la arrastró hacia el pasillo. Se despidió de Gacel con una palmada en el brazo y, luego de recorrer aquel pasadizo a media luz, abrió una puerta. Marta vio una cama y un ropero entreabierto, con una serie de colgadores vacíos. Había una maleta de viaje sin abrir. Sí, era evidente: Abbes García también acababa de llegar. "



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