Ojo por ojo (fragmento)Anthony Trollope

Ojo por ojo (fragmento)

"Fred Neville no creía haber recibido de su hermano la ayuda o comprensión que quería. Su intención había sido hacerle un ofrecimiento muy generoso; ciertamente no estaba muy seguro de cómo se podría llevar a cabo, pero eso no obstaba para que fuese un ofrecimiento que pensaba que pondría a su hermano totalmente a su servicio. Sin embargo, Jack se había limitado a contestarle con un sermón; con un sermón y con la aseveración de que su plan era inviable. Aun así, él no acababa de estar seguro de que su plan fuese tan inviable. Cuando menos, de lo que estaba seguro era de que no había fuerza humana que pudiese obligarlo a llevar una forma de vida que le desagradaba. Nadie podría hacer que se casara con Sophie Mellerby, o con cualquier otra Sophie, y que mantuviese una grandiosa y lúgubre casa en Dorsetshire, y que se gastara su renta de un modo que no le satisficiese, por tener un enorme séquito de sirvientes y adoptar lo que él llamaba «la vida pesada» de un noble inglés. Las posesiones tenían que ser suyas, o al menos el disfrute vitalicio de ellas. Se juraba una y otra vez que por nada del mundo empobrecería a la familia o dejaría los asuntos de la casa de Scroope peor que los encontrara. A él le bastaría con mucho menos de la mitad de lo que tenía entendido que se sacaba de los arrendamientos. No obstante, ya podían decirle sus tíos o su mojigato y metódico hermano lo que quisieran, que él no pensaba convertirse en esclavo de un título de conde.
Aun así, seguía muy confuso y lejos de sentirse contento por completo. Sabía que habría una escena desagradable entre su tío y él antes de que volviese a Irlanda, y también sabía que su tío podía, si se le metía en la cabeza, cortarle del todo la muy generosa asignación que ahora recibía. Estaba claro que habían hecho el trato de que él permaneciese con su regimiento un año, del cual aún no habían vencido seis meses. Su tío no podía discutir con él porque se volviese a Irlanda, pero ¿qué respuesta le iba a dar cuando le preguntase si estaba prometido para casarse con la señorita O’Hara, como por supuesto le preguntaría, y qué respuesta le iba a dar cuando le exigiera que le dijese si creía que ese matrimonio era el apropiado para alguien de su posición? Sabía que no era apropiado. Creía en el título, en la santidad del nombre que llevaba, en la misteriosa grandeza de la familia. No creía que un conde de Scroope debiera casarse con una chica de la que no se sabía nada en absoluto. Sentía el orgullo de su posición, pero le irritaba que los sacrificios necesarios para mantener ese orgullo tuviesen que recaer sobre sus hombros.
Una cosa era del todo imposible. Nunca abandonaría a su Kate. Sin embargo, quería tener a su Kate como algo aparte. Si pudiese dedicar seis meses de cada año a su Kate, y llevar esa vida en el yate de la que había hablado, visitando esos extraños lugares soleados que se imaginaba, libre de convencionalismos, lejos del sonido de campanas de iglesia y de cualquier consideración familiar, y después marcharse los otros seis meses a su condado y sus tierras, a su caza y quizá al Parlamento, dejando a su Kate detrás, eso sería perfecto. ¿Y por qué no? En los días que no tardarían en llegar, él sería su propio señor. ¿Quién podría impedir sus movimientos o refutar su voluntad? Entonces se acordó de la madre de su Kate y de las miradas que le lanzaría. Podría haber dificultades aunque Scroope fuera todo suyo. "



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