Háblame de ti (fragmento)Andrea Camilleri

Háblame de ti (fragmento)

"Roma era una ciudad maravillosa que propiciaba los encuentros: la gente te ofrecía su amistad con facilidad y, a ser posible, también un trabajo. Aún no podía creerme que hubiera conseguido salir de Sicilia, aunque también seguía soñando con los arancini que preparaba divinamente la abuela Elvira o con la pasta al horno de mi madre.
Un día, por casualidad, conocí a Sandro d’Amico, redactor jefe de la gran Enciclopedia dello spettacolo, fundada y dirigida por su padre, Silvio. Como estaba al tanto de que yo sabía mucho de teatro francés de los siglos XIX y XX y era un atento estudioso del teatro italiano contemporáneo, me propuso entrar a trabajar en la redacción de la enciclopedia como especialista en esos temas. Allí conocí a Chicco Pavolini, redactor jefe de la sección de cine —en la que pronto me invitó a colaborar— y sobrino del político fascista Alessandro Pavolini, aunque tan distinto de su tío que acabó siendo para mí como un hermano, hasta el punto de que al cabo de unos meses decidimos irnos a vivir juntos.
Mi sueldo, sin embargo, era muy escaso, y tenía que complementarlo de algún modo. Acudió en mi ayuda otro amigo, Giovanni Calendoli, que por entonces dirigía la revista teatral Scenario. Yo firmaba como enviado especial a París y me encargaba, lógicamente, de las novedades teatrales francesas. En realidad, no me movía de Roma, me limitaba a leer las críticas teatrales de los periódicos del otro lado de los Alpes y de ahí sacaba el material para mis artículos. La colaboración en esa revista me permitía sobrevivir con bastante tranquilidad, pero Calendoli tenía otras ambiciones. Así, un tiempo después logró fundar una compañía teatral de buen nivel con sede estable en el Teatro Pirandello —más tarde Teatro Tordinona— y dedicada a representar únicamente novedades de autores italianos. Me ofreció inaugurar la temporada, de modo que empecé a ensayar una comedia de Raoul Maria de Angelis, autor a la sazón muy conocido, titulada Hemos hecho un viaje. La crítica romana —que por aquella época estaba formada por intelectuales como D’Amico y Contini, De Feo y Prosperi— hizo comentarios elogiosos sobre mi dirección, y así, en 1953, empezó mi carrera en el teatro. Estaba convencido de que aquél iba a ser mi camino, si bien algunas noches, casi a escondidas, incluso de mí mismo, me ponía de nuevo a escribir poemas, para luego olvidarlos a la mañana siguiente. "



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