La utilidad de lo inútil (fragmento)Abraham Flexner

La utilidad de lo inútil (fragmento)

"Escuchamos decir con cansina insistencia que la nuestra es una era materialista, cuya preocupación inicial debería ser la cada vez mayor distribución de bienes materiales y oportunidades mundanas. El lamento justificado de aquellos que, sin que sea su culpa, se ven privados de oportunidades y de una buena parte de bienes materiales se convierte entonces en un cada vez mayor número de estudiantes en las áreas que sus padres a su vez estudiaron, en las no menos importantes ciencias sociales, económicas y políticas. No tengo problema alguno con esta tendencia. El mundo en el que vivimos es el único mundo del que pueden dar cuenta nuestros sentidos. Y a menos que hagamos de él un mejor mundo, un mundo más justo, millones seguirán yendo a parar a sus tumbas en silencio, entristecidos y amargados. Yo mismo he pasado muchos años rogando que nuestras escuelas se hagan más conscientes del mundo en el que sus estudiantes y pupilos están destinados a pasar sus vidas. Pero ahora a veces me pregunto si esa corriente no se ha vuelto demasiado fuerte, y si acaso no habría suficientes oportunidades para vivir una vida plena si el mundo se vaciase de algunas de las cosas inútiles que le otorgan su significado espiritual; en otras palabras, si nuestra concepción de lo que es útil no se ha hecho demasiado estrecha, como para poder adecuarse a las caprichosas posibilidades del espíritu humano .
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Las universidades han sido reorganizadas al punto de convertirlas en instrumentos al servicio de quienes profesan un particular credo político, económico o racial. De vez en cuando un individuo irreflexivo en alguna de las pocas democracias que restan en el mundo pretende incluso cuestionar la importancia fundamental de que la libertad académica se mantenga absolutamente irrestricta. El enemigo real del género humano no es el pensador audaz e irresponsable, tenga razón o no. El enemigo real es quien trata de moldear el espíritu humano de manera que no se atreva a desplegar sus alas como estas se desplegaron en otro tiempo en Italia y Alemania, lo mismo que en Gran Bretaña y los Estados Unidos. Esta no es una idea nueva. Fue la idea que animó a Humboldt cuando, en el momento de la conquista de Alemania por Napoleón, concibió y fundó la Universidad de Berlín. Es la idea que animó al presidente Gilman en la creación de la Universidad Johns Hopkins, el modelo según el cual todas las universidades de este país han intentado en mayor o menor medida reconstruirse. Es la idea a la que serán fieles todos los individuos que se preocupan por su alma inmortal, con independencia de las consecuencias personales que ello comporte. La justificación de la libertad espiritual, sin embargo, supera con mucho la cuestión de la creatividad en el ámbito científico o humanístico, pues implica la tolerancia de todo el espectro de las diferencias humanas.
¿Qué puede haber más necio o ridículo, a la vista de la historia del género humano, que las simpatías o antipatías fundadas en la raza o la religión? ¿Acaso la humanidad quiere sinfonías, pinturas y profundas verdades científicas, o quiere sinfonías cristianas, pinturas cristianas y ciencia cristiana, o sinfonías judías, pinturas judías y ciencia judía? ¿Acaso quiere contribuciones a la infinita riqueza del alma humana y expresiones suyas que sean musulmanas, egipcias, japonesas, chinas, americanas, alemanas, rusas, comunistas o conservadoras? "



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