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El fin de la inocencia (fragmento) "Cuando el maestro de las opiniones, Willi Münzenberg, recorría el camino hacia el sur por el valle del Isère en 1940, tratando de escapar de una Francia ocupada, ¿hasta qué punto lo guiaba una opinión, cualquier opinión? En 1952, cuando Otto Katz se aferraba a la baranda del banquillo de los acusados ante un tribunal en Praga, tratando de elaborar con la dentadura destrozada su súplica para evitar la pena de muerte, ¿le sirvió alguna opinión en toda aquella mezquindad? Cuando Maxim Gorki yacía en el lecho de muerte en su palacio de Crimea, atendido con cinismo por la encantadora mentirosa que aseguraba amarlo, ¿lo reconfortó el rumor de una opinión? Estos tres hombres habían vivido de la opinión. Ellos sabían mejor que nadie hasta qué punto la opinión es en realidad una droga peligrosa, qué barato sustituto puede llegar a ser del conocimiento o de la bondad o de la acción o de la verdad. Es una sustancia estimulante tóxica y adictiva, y habían traficado con ella durante toda su vida. La danza sombría de su futilidad, ahora lo veo, constituye una parte nada nimia de lo que esta historia ha luchado por contarme desde el día en que empecé a escribirla. Si El fin de la inocencia te parece un enfrentamiento más en las guerras culturales, si no te deja con nada más que con algunas nuevas opiniones –o con la confirmación de opiniones viejas–, entonces habré fracasado. Mi intención es dejarte con algo muy diferente a una opinión. Mi deseo es dejarte con un escalofrío de compasión y de terror. Sí, tengo mis opiniones, al diablo con ellas. Nunca confíes en quien lo cuenta. Confía en la historia que cuenta." epdlp.com |