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Plagio mortal (fragmento) "Yo no sabía que mi hijo supiera orientarse por las estrellas. Corona Austrina. Lyra. Delphinus. Sam deja marcas con la nariz en la ventanilla del acompañante, mientras salimos de la ciudad por carretera; recita las constelaciones y, a cada giro, susurra «sur», «este», «norte»... –¿Dónde lo has aprendido? Me mira como hace un par de noches, cuando entré en su cuarto y me lo encontré con el tirachinas en la mano disparando un pelotón de marines de plástico al tejado del vecino. «Soy terrorista», respondió a la pregunta de si se podía saber qué estaba haciendo. –¿Aprendido el qué? –Las estrellas. –En libros. –¿Qué libros? –Libros. Con Sam ya sé que no podré llegar más lejos. Es porque los dos somos lectores. No necesariamente por pasión, sino por forma de ser. Observadores. Críticos. Intérpretes. Lectores de libros (el último, en mi caso, lo más nuevo y rabioso de Philip Roth, y en el suyo Robinson Crusoe, contado en píldoras al irse a la cama), pero también de tebeos, folletos turísticos, grafitis de lavabo, manuales de instrucciones y recetas de cajas de cereales. No importa el material. Leer es nuestro modo de traducir el mundo a un idioma que podamos entender, al menos parcialmente." epdlp.com |