Malversación (fragmento) Premchand
Malversación (fragmento)

"Entre los conocidos de Munshi Deendayal se encontraba un caballero llamado Dayanath, un hombre muy caballeroso y bondadoso. Trabajaba en la corte y ganaba un salario de cincuenta rupias. Deendayal era guardián de la corte. Dayanath había tratado con él cientos de veces. Si hubiera querido, podría haber cobrado miles, pero nunca había estafado ni un céntimo. No era la única forma en que trataba a Deendayal; era su naturaleza. No era que tuviera ideales elevados; consideraba el soborno un pecado. Quizás porque había visto sus consecuencias con sus propios ojos. Había visto a algunos ir a la cárcel, a otros perder a sus hijos, a otros caer en las garras del vicio. No podía recordar un solo ejemplo de alguien que hubiera aceptado un soborno y hubiera estado en paz. Había establecido firmemente que las ganancias ilícitas siempre eran para los pecadores. Nunca lo olvidó.
En aquellos tiempos, ¿cuánto valía un soborno de cincuenta rupias? Era una tarea difícil mantener a cinco personas. Los chicos ansiaban ropa fina, las mujeres ansiaban joyas; pero Dayanath permaneció imperturbable. El hijo mayor abandonó la universidad a los dos meses. Su padre le dijo sin rodeos: «No puedo dejar a todos hambrientos y desnudos por tu título. Si quieres estudiar, estudia con tu propio esfuerzo. Muchos lo han hecho, tú también puedes». Pero a Ramanath le faltaba esa dedicación. Durante los dos últimos años, había estado completamente desocupado. Jugaba al ajedrez, paseaba y dominaba a su madre y a sus hermanos menores. Sus aficiones siempre se veían satisfechas gracias a sus amigos. Tomaba prestado el Chester de alguien y salía a pasear por la noche. Se ponía los zapatos de tacón de alguien o el reloj de alguien. A veces salía a la moda de Banarasi, a veces a la de Lucknowi. Si diez amigos se encargaban de confeccionar una prenda cada uno, tendrían los medios para cambiar diez trajes."



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