Cartas de Maung Lu Aye a su universidad materna (fragmento)Theippan Maung Wa
Cartas de Maung Lu Aye a su universidad materna (fragmento)

"Oh, glorioso señor Indra, soberano de los dioses, llamado Sakka, Purindada, señor de las armas de Vajra, aquel que reina sobre el monte Meru, la más excelsa de las montañas, de ochenta y cuatro mil alturas; aquel que, con el arma del rayo, puede destruir y reducir a ruinas cuanto se le oponga de un solo golpe; tú, de los mil ojos, que observas atentamente el mundo de los hombres y, desde las alturas, apartas a los malvados que se desvían del camino de la justicia y salvas a los buenos...
En este mundo de los hombres, en la ciudad de Rangún, al norte, cerca de la célebre localidad de Kamayut, junto a la aldea de... se alza el magnífico edificio de la Universidad, lugar de esparcimiento y deleite de sus estudiantes. Allí, yo, vuestro humilde servidor Maung Wa, me encuentro estudiando con empeño las diversas ramas de las ciencias y las dieciocho disciplinas del saber.
Postrado a vuestros pies, con las manos juntas en señal de reverencia, vengo a presentar directamente ante vos esta humilde súplica:
En el gran bosque situado cerca de nuestra casa, se han instalado y ejercen su dominio, en número extraordinario, los diminutos mosquitos y sus innumerables congéneres. Y en los diversos pozos, estanques, lagunas y arroyos que hay alrededor del bosque, así como en todos los lugares de barro, lodo y aguas estancadas, reinan también innumerables reyes de los mosquitos.
Si buscamos un precedente en las antiguas historias, son semejantes a los quinientos reyes Licchavi de Vesali: sin cambiar de aspecto ni de naturaleza, se han organizado entre ellos formando una asociación.
Cuando el sol se pone hacia la isla de Goya y desaparece la luz dorada del oeste, llegando la hora del crepúsculo, esas huestes, aterradoras en extremo y dotadas de una energía feroz, capaces de recorrer muchos kilómetros en cuestión de un segundo, avanzan como si fueran enormes escuadrones de aviones de combate.
Vuelan en perfecta formación hasta mi habitación, la rodean por completo y, sin mostrarme la menor compasión ni consideración, me acosan y me dominan. Sin que entre nosotros hubiera habido enemistad alguna desde tiempos anteriores, han irrumpido violentamente y, comportándose como auténticos rebeldes, se han lanzado a atacarme y a morderme sin piedad."



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