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Leberecht Hühnchen (fragmento) "Aunque estoy firmemente convencido de que, al igual que mi amigo Leberecht Hühnchen, jamás llegaré a ser del todo viejo por dentro y conservaré siempre un pequeño rincón de niño, y aunque esta cualidad, que a muchas personas que nunca fueron jóvenes les parece despreciable, constituye una gran parte de mi felicidad, no podía, sin embargo, ocultarme que tenía treinta y ocho años y que ya no necesitaba peinarme con raya. Pero también creo que es precisamente a esa edad cuando el hálito de la dulce juventud femenina nos llega con mayor encanto, y con todas mis fuerzas trataba de reprimir pensamientos que se abalanzaban sobre mí como una embriaguez y me seducían hacia un hermoso reino, del mismo modo que los anhelantes sonidos de un cuerno de caza llaman hacia la verde y soleada soledad del bosque. No; el reino de la juventud estaba cerrado con llave, y la llave había sido hundida para siempre en el mar del olvido. Sin embargo, una de las mañanas siguientes, mientras estábamos sentados tomando café, Hühnchen lanzó contra mí un extraño ataque. Aquella era siempre una hora agradable: antes de marcharnos juntos a la ciudad, nos sentábamos uno frente al otro y nos divertíamos con Hänschen, el canario, al que a esa hora dejábamos salir de su jaula y que, con una mansedumbre admirable, se paseaba entre nosotros. Se había acostumbrado a posarse durante ese rato sobre una de nuestras frentes, cuyas entradas habían avanzado ya hasta casi alcanzar la coronilla. Y, como aquello daba pie de manera palpable al asunto, se había convertido en una de las bromas favoritas de Hühnchen discutir de qué manera, entre las tres más habituales, habíamos perdido el adorno de nuestra cabeza: si nos lo habíamos despeinado de tanto pensar, hecho desaparecer de tanto enfadarnos o perdido de tanto divertirnos, o por qué otro medio habría conseguido el Tiempo, ese cruel indio, decidirse a arrancarnos el cuero cabelludo tan prematuramente. Durante aquellas graciosas conversaciones, Hänschen, incitado por una inclinación ocasional de nuestras cabezas hacia delante, se veía obligado a volar continuamente de una raya a la otra, de modo que, por así decirlo, jugábamos con él a una especie de pelota de atrapar. Era un espectáculo al que la familia Hühnchen ya estaba acostumbrada, pero que llenaba de la mayor perplejidad a cualquier extraño." epdlp.com |