El diario de un ladrón (fragmento)Jean Genet
El diario de un ladrón (fragmento)

" La mente de muchos literatos se ha posado con fecuencia en la idea de las bandas. Se ha dicho de Francia que era un país infestado de ellas. La gente imagina entonces rudos bandidos unidos por la voluntad de pillaje, por la crueldad y el odio. ¿Era esto posible? Parece poco probable que tales hombres puedan organizarse. El aglutinante que engendró las bandas me temo que sea tal vez una avidez, pero camuflada bajo la cólera, la reivindicación más justificada. Cuando uno se proporciona a sí mismo semejantes pretextos y justificaciones, elabora rápidamente una somera moral a partir de dichos pretextos. Salvo entre niños, no es nunca el Mal, un encarnizamiento en el polo opuesto de la moral vuestra, lo que une a los forajidos y engendra las bandas. En las cárceles, cada criminal puede soñar con una organización bien hecha, cerrada pero fuerte, que sería un refugio contra el mundo y su moral: no es más que un sueño. La cárcel es la fortaleza, la caverna ideal, la guarida de bandidos contra la que rompen las fuerzas del mundo. En cuanto entra en contacto con estas fuerzas, el criminal obedece a leyes banales. En nuestros días, la prensa habla de bandas francesas formadas por desertores americanos y por maleantes franceses, pero no se trata de organización sino de accidentes y breves colaboraciones entre tres o cuatro hombres como mucho.
Cuando salió de la cárcel, en Katowice, me encontré de nuevo con Michaelis. Hacía un mes que yo estaba en libertad. Vivía de pequeñas rapiñas por los pueblos de los alrededores y dormía en un parque en las afueras de la ciudad. Era verano. Otros maleantes venían a dormir sobre el césped, protegidos por la sombra y las ramas bajas de los cedros. Al alba, de un macizo de flores se levantaba un ladrón, un joven mendigo bostezaba bañado por el primer sol, otros se despiojaban en las escaleras de un seudo-templo griego. Yo no hablaba con nadie. Andaba, solo, unos cuantos kilómetros, entraba en una iglesia y robaba el dinero del cepillo con un palito untado de liga.
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