Amor (fragmento)Tibor Déry

Amor (fragmento)

"La ventana del pequeño cuarto de servicio daba al norte, como en general las ventanas de todos los cuartos de servicio; ante él se levantaba un fresno y a la izquierda se veía la cumbre del monte Gugger, a la que los pinares conferían un tono negruzco. Una vez que se quedó solo y el ritmo de su respiración se sosegó, reconoció el olor de su esposa. Se sentó junto a la ventana y respiró hondo. Contempló el follaje del fresno. Estaba inmerso con todas las células de su cuerpo en el olor de su esposa y respiraba. En el angosto cuartico no había más que un viejo armario blanco, una cama de hierro, una mesa y una silla; para poder llegar hasta la cama era necesario quitar la silla. Pero no quiso acostarse. Siguió sentado, respirando. Encima de la mesa se veían montones de objetos diversos, libros, ropa y juguetes; entre ellos había también un espejo. Se miró en él. La imagen que le devolvió era la misma que había visto antes en el espejo del escaparate de la tienda. Lo puso sobre la mesa de nuevo, pero dándole vuelta. No escudriñó entre las cosas de su esposa. En el cenicero se acurrucaba una pelota de lunares rojos y también alrededor de la mesa se percibía el olor de ella.
Se sentó de nuevo frente a la ventana. Al poco rato llegó la portera con un gran tazón de café con leche y con dos gruesas rebanadas de pan dulce. Después de quedarse solo se lo comió todo. Un poco más tarde vino una vecina que vivía en la planta baja, trayendo también una taza de café, pan con mantequilla, chorizo y una manzana igual a las que había visto en la calle, en la exhibición de la frutería. Puso la bandeja sobre la mesa y a los pocos minutos se marchó. Tenía lágrimas en los ojos. Cuando se quedó solo, B. se comió todo eso también. Todavía no le había dado cuerda a su reloj, así que no podía saber cuánto tiempo llevaba sentado junto a la ventana. Esta daba al jardín trasero, frente al cual no pasaba gente. Entre las hojas de color verde claro y borde blanco del fresno se agitaba de vez en cuando la brisa, haciendo temblar la luz vespertina en las encaladas paredes del cuartico de servicio.
Cuando se saturó del olor de su esposa y dejó de percibirlo, bajó a la calle y se quedó delante de la puerta del jardín. Un poco después apareció su esposa en la esquina, rodeada de cuatro o cinco niños. Venía caminando en dirección al jardín. De pronto sus pasos se hicieron más lentos, luego se paró y se quedó inmóvil por un instante y finalmente empezó a correr. Sin darse cuenta, también B. echó a correr. Ya estaban bastante cerca el uno del otro cuando ella se detuvo bruscamente, como si no se sintiera segura de algo, pero después echó a correr de nuevo. B. reconoció el jersey de lana de mangas largas, de color gris y rayas negras, que le había comprado todavía él, en una tienda de lujo, un poco antes de su detención. Su esposa era una combinación nunca vista de aire y de materia, única en su especie. En la realidad superaba todas las imágenes que había reunido acerca de ella durante estos siete años en la cárcel. "



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