Cuento muy breve del viejo enamorado (fragmento)Alfonso Sastre

Cuento muy breve del viejo enamorado (fragmento)

"No es cosa de contar aquí, ni yo misma lo sé, cómo fueron sus muchas aventuras hasta que consiguió rentar el portalillo de las artesanías y, con él, montar su negocio en el que, como luego se supo, y merced a su vida tan recatada y ahorrativa, llegó a reunir muy buena plata, algo así como unos cincuenta mil dólares, según me informó una prima segunda suya que fue una de mis mejores informadoras porque, ya viejita y todo, tenía una memoria de elefante, ¡si es que los elefantes tienen tan grande memoria como dicen! Durante todos aquellos largos años, según contó Fulgencio en su fiesta de retorno después de haberse animado un poco con unos traguitos, no hizo más que preparar en su imaginación y en su bolsillo las condiciones del regreso a Cuernavaca, y no descuidó tener noticias de allá, siempre con la incertidumbre y más aún, la angustia, de que la historia de Laurita se cerrara para él, por medio de lo que más se podría esperar de una niña tan preciosa y virtuosa como ella, que acabara casándose con un mocito barbero, como dice don Antonio Machado (Paquita me dedicó una mirada en ese momento y yo le sonreí muy cómplice) en aquel poema famoso... Un confidente suyo, que me parece que era hermano de Fulgencio por parte de la mamá, le escribía de cuando en cuando, acuciado por nuestro personaje que no le dejaba en paz: que no dejara de enterarse, que cómo estaba Laurita, que si se había echado novio, que le contara cosas.
Es de suponer lo mal que lo pasaría cuando a los dos años se enteró por su pariente de que Laurita se casaba, y no era con un mocito barbero pero, a los efectos, tanto daba porque el novio era un gachupín; y no se disgusten ustedes, los españoles (nos reímos todos), pero es así como acostumbran a llamarlos en México. El español había sido croupier en el Casino de la Selva y, por lo que se sabe, andaba en las malas artes del juego tanto daba porque el novio era un gachupín; y no se disgusten ustedes, los españoles (nos reímos todos), pero es así como acostumbran a llamarlos en México. El español había sido croupier en el Casino de la Selva y, por lo que se sabe, andaba en las malas artes del juego profesional. Lloró Fulgencio amargamente al recibir la noticia, y se tiró a la borrachera y a la perdición en las noches del Este de Los Angeles durante un tiempo que afortunadamente fue breve porque gracias a Dios no había transcurrido un año que la boda de Laurita y el croupier cuando éste fue asesinado por alguien que lo acusó de tramposo en un casino de Acapulco, y así, sin mediar muchas palabras, se sacó un revólver, disparó y el español cayó al suelo con una herida mortal de necesidad en pleno corazón. "



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