Carta V, de Cartas FamiliaresJosé Francisco de Isla

Carta V, de Cartas Familiares

"Excelentísima señora. Ni soy tan necio que pretenda, ni soy tan vano que presuma consolar a V. E. en el justísimo dolor con que la contemplo, y sé que está lastimosamente penetrada por la muerte del Duque mi señor. Tampoco me detendré a persuadir a V. E. que la hago dolorosa y muy sincera compañía en la amargura de tan congojosa pérdida. ¿Qué querrá decir que yo sienta en el alma lo que toda España llorará con lágrimas de sangre, y lo que celebrarán los enemigos de nuestra nación? Ni a V. E. la puede servir de lenitivo el saber que todos los buenos españoles lloran lo que V. E. llora; antes el llanto universal aumenta muy especiales motivos al llanto de V. E. Sólo pido licencia a V. E. para acordarla que ya tiene V. E. la mitad menos que morir después que murió el señor Duque; y que es amorosa providencia de nuestro gran Dios el disponer que vayan antes de nosotros los que con razón o sin ella eran dueños de nuestros corazones, así para que estos se desprendan poco a poco de lo que ha de tener fin, como para tener eso menos que sentir al tiempo de nuestra partida, que al cabo ha de llegar, sirviéndonos entonces de consuelo la esperanza de ir a ver en el país de la felicidad a las personas que amamos en este valle de miserias. Desde hoy en adelante convertiré en sufragios por el descanso eterno del Excelentísimo, bien nos han escrito no sé que batalla de Daun en que derrotó enteramente al rey de Prusia; y aunque yo tengo un nominativo soberanamente respetable, como ni Vd. ni las cartas de Madrid hablan palabra, suspendo el juicio, mas no el ir a comer donde me llaman. "


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