El pasaporte amarillo (fragmento)Joaquín Dicenta

El pasaporte amarillo (fragmento)

"Pronto se establecieron entre la estudiante y el empleado relaciones corteses de amistad. Era Miguel servicial y simpático; a más de ello, respetuoso. El comedimiento con que saludó los primeros días y habló más tarde a su vecina captáronle las simpatías de ésta. El mozo gustó de la joven. Atrajéronle la belleza serena y firme de su rostro, la gallarda línea de su cuerpo, la no afectada majestad de su paso. Más adelante, al hacerse el trato íntimo, al poder Miguel apreciar la inteligencia, la bondad, la rectitud, en pensamientos y en acciones, de Débora, acrecieron las simpatías del tenedor de libros, llegando al enamoramiento. Pero éste sólo se manifestaba en miradas, en temblores repentinos de voz, en silencios, tan inexplicables como el turbión de palabras que les solía suceder.
También Débora se sentía atraída por aquel galán de negros cabellos y ojos claros, que miraban dulces y leales.
Indudablemente, era Miguel un novio de quien podría envanecerse la más desdeñosa doncella, un hombre que haría la felicidad de quien le escogiera por esposo.
Así pensaba Débora, y aun lo repetía, a sus solas, en alta voz. Más de una noche, cuando recostada en su lecho daba un repaso a las lecciones, huyeron del libro sus miradas y su pensamiento: el pensamiento, para evocar la imagen de Miguel; las pupilas, para ver a Miguel dibujarse sobre el espacio y avanzar lentamente hacia ella, sin tocar el suelo con los pies, pisando en el aire, puestos los ojos en adoración y en beso la boca. "



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