Copa de sombra (fragmento)José Luis Acquaroni

Copa de sombra (fragmento)

"La presencia de aquella mujer le resultaba a Abel molesta. Se puso a pensar en que aquello de las afueras del pueblo se parecía al patio aquél de sus juegos, salvo en la luz y en el verde enhiesto de la araucaria, tan vertical y sabiamente distante que ni rozaba los balconcillos. Y como diáspora de la gentil conífera, alrededor del gran macetón en forma de tonel truncado, tiestos menores, también de madera y aros de cobre reluciente, con helechos, aspidistra con lo de las afueras del pueblo. Porque, con una extraña fuerza de penetración, por quiebra casi invisible, el estuco de aquella bóveda estaba colgado de finas raicillas, tan finas que parecían hilos de tela de araña, alimentadas, es de suponer, por las emanaciones de las vidas que allí se evaporaban.
(...)
La cristalera que separaba la galería del patio propiamente dicho le había impedido a Abel el ver cuanto ansiaba ver. Y lo primero que echó de menos fue la verde y recta vocación de luz. Porque el gran macetón y la araucaria ya no estaban. En su lugar, junto a la tapa del aljibe…Y Abel recordó que todo bajo el suelo del patio y el traspatio era una oquedad, y que el agua que se extraía por medio de una bomba accionada a mano, allá al fondo, junto a la puerta de la cocina.
Le dieron ganas de correr hasta el traspatio, a comprobar si la bomba de la palanca graciosamente curva y la piquera borbollante en arcadas discontinuas, se conservaba todavía o había desaparecido también. La palanca, con sus relieves futuristas. Las golondrinas piaban acogidas a la resonancia de los canelones de cinc de la azotea. "



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