Cuando los ratones no llegaron (fragmento)Gerald Murnane

Cuando los ratones no llegaron (fragmento)

"Una tarde de aquellos años en los que me quedaba en casa para cuidar a mi hijo y a mi hija, así como para hacer las tareas domésticas, mientras mi esposo se hallaba ausente en su trabajo, mi hijo estaba atrapado en medio de una tormenta. La tormenta se precipitó sobre nuestro barrio en torno a las tres y media, que era fatídicamente el tiempo en que los niños regresaban de la escuela.
Me había hallado en la completa soledad del lar desde las ocho y media de la mañana, cuando mis hijos se habían ido a la escuela. Toda la tarde había contemplado desde mi ventana, a intervalos ociosos, y con profundo desagrado, cómo se aglutinaban las nubes, evocando pasados temporales que había vivido desde mi niñez, así como el consecuente temor. Mi ciudad natal se hallaba a cien Kilómetros de Melbourne, donde vivía ahora con mi esposo y mis vástagos. En los treinta y tres años subsiguientes, desde que había salido del interior, cada vez que había presenciado cómo se oscurecía el cielo me acordaba de mis propios miedos ante la carencia de raciocinio del tiempo en la década de 1940.
Las tormentas de aquellos años habían llegado siempre a media tarde. Cuando una tormenta se hallaba en su zénit, el profesor, desde lo alto de la tarima, tenía que encender unas velas en un aula completamente sombría. Antes de que brillara el primer relámpago, me alejé lo más que pude de las terroríficas ventanas. En casa solía ocultarme de los rayos metiéndome debajo de la cama. En la escuela sólo podía presionar la cara contra la mesa y rogar a Dios que no consintiera que el rayo atravesara la ventana. Nunca pensé que un rayo pudiera golpear a un grupo de niños inocentes. Sin embargo, ahora, en mi mente dibujaba el zig zag de oro punzante bajo las nubes negras y perforaba el corazón o el cerebro del niño predestinado para morir aquella tarde. "



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