Cuna de cóndores (fragmento)Mariano Latorre

Cuna de cóndores (fragmento)

"Sus ojillos azules miraban recelosos hacia el cuadrado barracón que manchaba la base de la montaña con sus techos verdinosos de musgo, percibiendo los detalles con una fijeza dolorosa. Un gigantesco nogal destacaba sobre el negruzco amontonamiento de casuchas la fresca exuberancia de su follaje. Bajo su copa dormitaba una carreta de altas ruedas, apoyada en el lustroso pértigo de luma. Cuando el pingo hundió sus patas en la suavidad esponjosa de la tierra deshecha, se empinó sobresaltado en los estribos al no oír las pisadas huecas de los cascos en los tablones del puente. Éste era el momento que acobardaba a Nicomedes. El temor a ser delatado al entregar los diez centavos del derecho de pontaje. ¿Tendrían ya noticias de la escapada de los reos de la Penitenciaría de Talca en Curillinqui? En realidad, ponerse en la misma boca del lobo era una hazaña de la que Nicomedes se vanagloriaba. Había preferido tomar este camino que en su mocedad recorrió de arriero de un negociante de animales, camino solitario y pedregoso, pero en el cual no corría el riesgo de encontrarse a cada instante con los interminables rebaños que bajan o suben a los cajones de la altura; y, por consiguiente, con los soldados del resguardo de cordillera que, como el polvo del camino, merodean alrededor de los arrieros. Recordaba aquel tiempo con increíble precisión de detalles. Curillinqui no había cambiado gran cosa. La misma casa y el mismo nogal, y sobre ella, levantando sus rojizas protuberancias, veteadas de nieve, cubría el cielo purísimo el coloso andino, la sierra muda e inhospitalaria. "


El Poder de la Palabra
epdlp.com