Bakunin y otros textos en prosaAlexander Blok

Bakunin y otros textos en prosa

"Tantas abstracciones han sometido el alma del escritor, el álgebra de las palabras la volvió melancólica. Y durante ese tiempo, el arco iris de los colores se refracta en el infinito ante su ciega mirada. Saber mirar, comprender las impresiones visuales, ¿no está ahí la salvación del escritor? La acción de la luz y del color es liberadora. Vuelve más ligera el alma, engendra nobles pensamientos. El europeo culto y reservado que de pronto se encuentra en un país donde todo a la redonda se expande libremente, y donde los salvajes desnudos danzan al sol, se anima a su vez y se pone a danzar, aunque sólo sea –en la hipótesis de que no se encontrara muy a gusto– interiormente.
Todo esto no es en modo alguno humillante para la literatura. También vemos a menudo a la pintura tenderle la mano a la literatura; los pintores escriben libros Rossetti, Gauguin), en tanto los escritores miran altivos a la pintura y hacen pocos cuadros. Os dirán que la pintura se aprende; pero, en principio, es mejor a veces realizar garabatos de niño antes que escribir una obra voluminosa, y, en segundo lugar, Pushkin –por no citar más que este ejemplo–, sentía cuando dibujaba sus seductores perfiles femeninos todo lo que puede haber de liberador en un dibujo. Sin embargo, él nunca aprendió a dibujar. Es verdad que era un niño.
Los pintores tienen un estilo original y contrastado que es bello. Adoptan ante las palabras una actitud de niño; nunca hacen un mal uso de ellas, y siempre son breves. Prefieren las nociones concretas trasladables en colores y líneas (a menudo los fundamentos de la oración –sustantivo y verbo–, coinciden, el primero con el color, el segundo con la línea). Por eso saben transmitir con un lenguaje sencillo e infantil, y por ende nuevo y fresco, esos lamentos antiguos que el escritor oculta en su alma: este último aún debe intentar expresarlos con palabras, y olvida mientras las busca el dolor más noble; éste, como una flor suntuosa que no hubiésemos cogido a tiem-po, acaba por pudrirse en su alma cargada de fardos.
La pintura enseña la infancia. Gracias a ella, aprendemos a burlarnos de la crítica sentenciosa. Gracias a ella todavía sabemos reconocer el rojo, el verde y el blanco. "



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