Bolero en la villa de los viejos (fragmento)Fatos Kongoli

Bolero en la villa de los viejos (fragmento)

"Hacia el mediodía, la jefa de enfermeras me dijo que debía presentarme ante el jefe del pabellón. A mi mirada interrogante ella respondió con un encogimiento de hombros y me abandonó en mitad del pasillo con la orden de que dejara cualquier otro asunto y acudiera allí donde se me llamaba.
El despacho del jefe del pabellón, simultáneamente su sala de consultas, se encontraba en el extremo contrario de la clínica, al otro lado de un tabique con puertas de vidrio mate, al fondo del pasillo. Para acceder era necesario atravesar una especie de antesala donde vigilaba una rubia de nombre bisílabo, Eda, en torno a la treintena igual que yo. Entre el personal era conocida por el sobrenombre de Sharon Stone, lo que no dejaba de sorprenderme pues entre ella y la famosa estrella no existía la menor semejanza. Por esa razón, siempre que me encontraba ante ella la observaba con atención tratando de averiguar en qué podía parecerse a la otra. Pero existía además otro motivo bastante menos neutro: me encantaba mirarla. También me gustaba el perfume que exhalaba su cuerpo. Un perfume francés que debía de ser caro, decían las enfermeras.
Ante la puerta cerrada del despacho del jefe había cinco o seis personas, hombres y mujeres. Cuando me acerqué, me abrieron paso. Llamé empujada por una vaga curiosidad: ¿qué querría el doctor de mí? Entretanto, en el rectángulo de la puerta apareció Eda. Me invitó a entrar y, después de cerrar la puerta, me dijo que tomara asiento en la única silla que había al otro lado de su mesa.
No me sentía tranquila. No era capaz de imaginar un motivo por el que el doctor pudiera haber decidido convocarme expresamente a su sala de visitas. Nunca recibía a nadie allí, mucho menos a una enfermera corriente como yo. A decir verdad, hacía tiempo que no me dejaba impresionar por nada, de modo que tampoco me iba a impresionar que el doctor, con esa llamada inesperada, me fuera a comunicar la decisión más extrema, es decir que estaba despedida del trabajo.
Esa eventualidad quedaba excluida. Yo no recibía dinero bajo mano de los pacientes, aunque nunca había llegado a suceder que se despidiera a ningún médico o enfermera por un motivo semejante. "



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