Ecos del silencio (fragmento)Chuah Guat Eng

Ecos del silencio (fragmento)

"No pasé la Navidad con los Templeton. Me fui a casa en su lugar. Mi padre, que había estado mal de salud desde hacía algún tiempo, se descubrió que sufría de cáncer de hígado. Los médicos no le daban mucho tiempo de vida, y mi madre quería que yo pasase sus últimos meses con él.
Le escribí a Michael desde casa de mis padres en Kuala Lumpur para hacerle saber la situación, y para informarle de que lo vería en Ulu Banir antes de regresar a Europa. Él llamó por teléfono para decir que me iba a visitar. Pero yo le detuve, diciendo que mi padre estaba muy enfermo y que iba a estar demasiado preocupada. Yo era consciente de la falsa impresión que le había dado la situación financiera de mi familia y estaba ansiosa por no ser descubierta. Mi padre murió.
Me gustaría poder decir que me dolió. No puedo. Yo sólo tenía conciencia de que me abrumaba un gran alivio cuando murió. Odiaba tener que visitarlo en el hospital, tener que sentarme al lado de su cama, tener que verlo entre el estado somnoliento ocasionado por los medicamentos y el dolor de los momentos de vigilia. Odiaba el olor del hospital, el olor de su enfermedad, el olor de su muerte inminente. Odiaba no permitirme a mí misma llorar, que era lo que en realidad quería hacer cada vez que lo veía en la cama, apenas un atisbo de lo que solía ser. Odiaba tener que soportar todo esto sola, en vez de compartir la carga con mis hermanos, hermanas, tíos, tías, primos, sobrinos, nietos, quien sea.
Fue mi primera experiencia directa de la muerte y yo no podía entender su relación conmigo. Recuerdo ahora sólo mi enojo y mi resentimiento, como si mi padre se hubiera enfermado y muerto a propósito, sólo para hacerme pasar un mal rato.
Me fui a Ulu Banir en Cap Goh Meh, el último día de la fiesta del Año Nuevo chino, viajé en tren a Ipoh, donde al parecer me encontraría con Karuppiah, el conductor de Jonathan Templeton.
Era la primera vez desde mi regreso que había tenido la oportunidad de ver el país. Había cambiado. Había señales de industria y prosperidad por todas partes. Aunque odiaba el aspecto un tanto enfermizo que los motores del progreso habían arrastrado.
Cuando el tren dejó el valle industrializado de Klang, pude ver, sin embargo, un mundo que había conocido brevemente de niña y mi pensamiento voló hacia el recuerdo de mi abuela.
Apenas la había conocido. Mi relación con ella se había limitado a unas breves vacaciones escolares pasadas en su casa. Sin embargo, ella me había legado todas sus posesiones mundanas cuando murió, por lo que pude salir del país, y si así lo deseaba, llegar a ser una ciudadana del mundo. "



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