El canto de la alondra (fragmento)Willa Cather

El canto de la alondra (fragmento)

"El doctor Howard Archie había regresado de una partida de billar con el sastre judío y dos viajeros que pernoctaban en Moonstone. Sus oficinas estaban en el bloque sobre la farmacia. Larry, el ayudante del doctor, había encendido la luz del techo en la sala de espera y la doble lámpara del escritorio. Las teas de carbón estaban encendidas y el aire en el estudio estaba tan caliente que cuando el doctor abrió la puerta de la habitación donde no había estufa, la sala de espera estaba alfombrada y amueblada como un salón. El estudio estaba deteriorado y el piso sin pintar, pero disponía de un cierto confort en el tiempo invernal. La mesa del pupitre del doctor era larga y bien diseñada. Los papeles estaban apilados de forma ordenada, bajo pesos de vidrio. Detrás de la estufa había una estantería con doble puerta de cristal, que se extendía desde el suelo hasta el techo. Estaba repleta de libros de medicina de de todos los grosores y colores. En el soporte del estante superior había una larga fila de treinta o cuarenta volúmenes, dispuestos por igual en la oscuridad moteada con sus cubiertas de cuero.
En las villas de Nueva Inglaterra el doctor solía ser proverbialmente viejo, por lo que hacía veinticinco años que en las ciudades de Colorado el médico era generalmente joven. El doctor Archie apenas rozaba la treintena. Era alto, de hombros macizos, que mantenía rígidos y una cabeza grande y bien formada. Era un hombre de aspecto distinguido, al menos para esa parte del mundo.
Había un cierto toque personal en la forma en que su pelo castaño rojizo se separaba limpiamente a ambos lados, rozándole la frente. Su nariz era recta y espesa, y sus ojos denotaban inteligencia. Llevaba un bigote rojizo afeitado al estilo de los cuadros de Napoleón III. Sus manos eran largas y cuidadas, pero de aspecto resistente y sus espaldas estaban sombreadas por pelo rojizo. Llevaba un traje azul de lana, de manga ancha; los viajeros a simple vista habían apreciado que había sido confeccionado por un sastre de Denver. El doctor estaba siempre muy bien vestido. "



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