113 archivos (fragmento)Émile Gaboriau

113 archivos (fragmento)

"Louis von Clameran, de gélido carácter, bajo un exterior frío, indiferente, ocultaba las más salvajes pasiones. Ya en su primera juventud, sus pensamientos se concitaban como jardines salvajes, sufría una profunda ansia de libertad, riqueza, y placer sin límites.
Amaba a su padre, pero odiaba a su hermano, amparado por la inutilidad del Marqués, y sin saberlo, sentía quizás envidia y celos. El marqués había mostrado su preferencia por el hijo mayor de su padre, futuro heredero del excelso patrimonio.
A pesar de que Gastón hacía acopio de las cualidades suficientes para granjearse el afecto de su hermano, su odio se mantuvo perenne, ocultando astutamente sus verdaderos sentimientos fraternales ante la presencia del padre.
Sin embargo, los funcionarios siempre aceraba sus ojos a causa de los errores humanos, por lo que la inquina del menor en contra de su hermano mayor, se mantuvo en la más estricta y recóndita intimidad. Cuando el corcel de Gastón cayó a sus pies, sus enemigos no creyeron que se hubiera debido a un fatal accidente, sino a una manifiesta mala intención. Especialmente se indignó la novia, acostumbrada a las hazañas en la equitación de su pareja y que presenció cómo caía por mal camino. El viejo ayuda de cámara habló positivamente del fratricidio. Antón no tenía miedo alguno de decirle al joven conde. "Es muy extraño que un jinete tan hábil tenga la desgracia de caer, dependiendo su felicidad del infausto mal acaecido a su hermano."
Louis se indignó ante la audacia de esa afirmación-y se ocupó de castigar al viejo criado con un látigo- y habría continuado, de no ser por la noticia de que Gastón había huido al Ródano para caer en las manos de sus perseguidores. Los siervos se quedaron sorprendidos y nadie tuvo el valor de comunicar estas pésimas noticias al Marqués...
Louis estaba entumecido. No negó el terrible final de su hermano, mientras un pensamiento se abría paso con fuerza: "Ahora yo soy el único y legítimo heredero" ¡Sus ojos brillaron de satisfacción! Nadie quería comprometerse ante el anciano. "Gastón había elegido entre el honor y la vida. ¡Debería ser él el muerto!
El marqués, ante la vorágine, se había derrumbado sin emitir un sólo sonido, había caído como un rayo sobre un fecundo roble.
Sin verter lágrimas, Louis se situó ante el lecho mortuorio de su padre.
Ahora, él era el Señor. "



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