Artemisia (fragmento)Anna Banti

Artemisia (fragmento)

"No llores. En el silencio que espera cada uno de mis sollozos esta voz conjura la imagen de una joven mujer que ha estado corriendo cuesta arriba y que desea entregar un mensaje urgente tan rápido como sea posible. Yo no alzo mi cabeza. No llores: lo repentino de estas dos sílabas rebota ahora como una piedra de granizo, un presagio, en el calor del estío, del alto y gélido cielo. Yo no alzo mi cabeza; no hay nadie a mi lado.
Pocas cosas tienen sentido para mí en este blanco y atribulado amanecer de este día de agosto, mientras permanezco sentada sobre la grava del camino de los jardines del Boboli, llevando, como en un sueño, únicamente un vestido de noche. De cintura para arriba soy atormentada por sollozos. No puedo evitarlo, honestamente, y mantengo mi cabeza inclinada contra mis rodillas. Debajo de mí, en medio de las piedras, siento mis desnudos pies grises; sobre mí, como las olas sobre alguien que se está ahogando, se abaten sonidos amortiguados de gente que sube y baja la cuesta que yo acabo de descender, gente que no tiene tiempo para una mujer presa de las lágrimas. Personas que a las cuatro de la mañana están empujando hacia adelante como ovejas temerosas de contemplar la ciudad en ruinas, de contemplar la terrorífica realidad de esta noche durante la cual las minas alemanas sacuden una después de otra la corteza terrestre. Sin ser conscientes de ello, lloro por lo que cada uno de ellos va a ver desde el Fuerte de Belvedere y mis sollozos no cesan, se desbordan, sin sentido, revelándose como flashes, como irracionales motas en mis ojos, el puente de la Santa Trinidad, las torres doradas, una pequeña taza de flores que usaba para beber cuando era una niña. Y una vez más, me detengo por un instante en mi desordenado balance de los acontecimientos que sin embargo tendré que afrontar. Brevemente me conmociona el sonido de las palabras, no llores, como una ola que retrocede. Finalmente alzo mi cabeza, pero sólo alcanzo el recuerdo cuando presto atención. Dejo de llorar, sorprendida al darme cuenta de la pérdida más grave. "



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