El cuarto de Verónica (fragmento)Ira Levin

El cuarto de Verónica (fragmento)

"Una Mujer y un Hombre entran a la habitación en penumbra. Una Chica queda esperando junto a la puerta iluminada. Detrás de ella se ve a un Muchacho. La Mujer y el Hombre se mueven familiarmente entre las formas enfundadas; la Mujer enciende una lámpara en un rincón; el Hombre abre levemente una ventana sin descorrer la cortina, y una suave brisa la agita levemente. La Chica entra al cuarto y mira a su alrededor con interés, al tiempo que la Mujer desenfunda y enciende otra lámpara. El Muchacho se acerca detrás de la Chica. Él también lo observa todo, pero con una expresión de desconfianza. El Hombre enciende la luz de una repisa de pared. La Mujer enciende una lámpara que cuelga sobre una mesa redonda.
La habitación es la antecámara de un dormitorio perteneciente a una casa de estilo victoriano de fines de siglo, con profusos decorados y un cierto aire siniestro. La puerta es grande, maciza. La cama, de una plaza, se halla detrás de una arcada. La ventana de la pared del fondo está cubierta por una fina cortina, al igual que la otra ventana. Hay dos puertas, de un armario y del baño. Más tarde se advertirá que la habitación es femenina y atractiva dentro de su estilo recargado. La decoración corresponde a la década de 1930, aunque casi todos los muebles pertenecen a una generación anterior. Un sofá, una mesa redonda de juego, un escritorio frente a la ventana, un gramófono junto al escritorio, un caballete de pintor, una cómoda, sillas librerías, etcétera, todos enfundados.
La Mujer y el Hombre de unos sesenta años, tienen un aspecto agradable. La Mujer viste con sencillez; el Hombre lleva un traje azul arrugado y gastado. La Chica tiene veinte años; es delgada, bonita, de largo pelo lacio. Lleva pantalones anchos, un suéter grueso con cuello cerrado y varios collares. El Muchacho es corpulento y cuenta más de veinticinco años. Tiene bigotes poblados y usa ropa sport vieja. La Mujer levanta cuidadosamente la cubierta de la mesita de juego, sobre la que se ve un rompecabezas armado a medias.
MUJER (Leve acento irlandés al hablar). Éste es el rompecabezas que estaba haciendo, exactamente como ella lo dejó. Se llama «Cazadores en la Selva Negra». Ochocientas piezas. ¡Y no tiene el dibujo en la caja para poder ayudarse! (La Chica se acerca a la mesa. El Hombre desenfunda el escritorio. El Muchacho pasea y se aproxima a la pared para mirar brevemente un cuadro.) Ella hacía dos o tres de éstos por mes, y antes de Navidad, el señor Brabissant se llevaba todos los que había armado el año anterior... y los guardaba en el baúl que está en el rellano de la escalera. ¿No viste el baúl de roble?
CHICA. Sí, lo vi.
HOMBRE. Es una antigüedad valiosa ese baúl. (Él también tiene acento.)
MUJER. Y regalaba todos esos rompecabezas, que costaban diez y doce dólares cada uno, a los bomberos de Walpole para que los dieran a sus hijos. A ella no le gustaba hacer uno que ya hubiese armado antes. Uno nuevo era como ingresar en un nuevo mundo, solía decir. Y por supuesto... (Sonrisa tierna)... ellos se lo consentían. "



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