El conde Magnus (fragmento)M. R. James

El conde Magnus (fragmento)

"Debo haberme equivocado-escribe- al creer que sólo uno de los candados del sarcófago del Conde estaba desprendido; en realidad, según pude comprobar esta noche, hay dos en el suelo. Los recogí y los puse cuidadosamente en el borde de la ventana, luego de haber tratado en vano de cerrarlos. El restante aún parece seguro, y aunque creo que se cierra a resorte, no acierto a imaginar cómo se hace para abrirlo. Me temo que, de haber podido forzarlo, no habría resistido la tentación de destapar el sarcófago. Es extraña, por cierto, la atracción que en mí ejerce la personalidad de ese antiguo gentilhombre, la cual, me temo, no carece de elementos sombríos y aun feroces.
Al día siguiente, Mr. Wraxall abandonó Rabäck. Había recibido ciertas cartas referentes a sus negocios, que lo urgían a regresar a Inglaterra; su tarea estaba casi concluida, y el viaje le llevaría tiempo, así que decidió despedirse, dar un último retoque a sus apuntes, y partir.
Esos últimos retoques y esas despedidas le llevaron más tiempo del que había supuesto. La familia cordialmente insistió en que la acompañara a comer-lo hacían a las tres- y ya eran más de las seis y media cuando Wraxall dejó atrás los portones de hierro de Rabäck. Recorrió con lentitud del camino que bordeaba el lago, resuelto-ya que era su última oportunidad- a dejarse penetrar por las sensaciones que transmitían el lugar y la hora. Cuando llegó a lo alto de la colina del camposanto, se detuvo allí durante unos minutos para admirar la vastedad de los bosques que circundaban la región, densos y sombríos bajo un cielo glauco. Cuando al fin se decidía a marcharse, pensó de pronto que también el Conde Magnus merecía una visita de despedida al igual que los otros de la Gardie. "



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