El retorno (fragmento)Tahar Ben Jelloun

El retorno (fragmento)

"Mohamed soñaba con una peregrinación en solitario, justo con algunas personas de su cábila, y en primavera. Como temía las situaciones de violencia, le asustaba morir en La Meca; debía de ser el único en pensarlo, aunque no se lo confesaba a nadie. Temía morir pisoteado por unos pies fanáticos. Se mantenía apartado, observándolos. ¿A qué se parecen unos pies fanáticos? Están sucios, a veces descalzos, otras, enfundados en babuchas gastadas.
Mohamed había visto a peregrinos que calzaban babuchas viejas. No eran de su país, hablaban un dialecto árabe del que no entendía ni una palabra. ¿De dónde venían? Para él, un musulmán sólo podía ser árabe o bereber. Le costaba considerar musulmanes a los demás peregrinos.
Los llamaba los africanos, los chinos y los turcos. Todos los peregrinos tenían la mirada inflamada por el fuego, la llama de la fe, la pasión del islam. Él se preguntaba, en cambio, por qué su mirada era serena, tranquila. Así era su temperamento.
Llevaba mucho tiempo queriendo realizar ese viaje, soñando con ello, quizá con excesiva sencillez, pues él no se planteaba objetivos inalcanzables. Únicamente se alteraba cuando pensaba en el futuro de sus hijos. Entonces se sentía mal, invadido por la melancolía y la tristeza, desamparado, y se ponía a rezar, a cumplir con los ritos de la peregrinación, pero siempre con una extraña calma. Una mañana, al salir de la Mezquita Grande de La Meca, no encontró sus babuchas, recién estrenadas y confeccionadas por un artesano de Fez. Se sorprendió de que se las hubiera robado un peregrino. No lo entendía. Era algo inadmisible. Su indignación se apaciguó cuando un compañero de habitación le contó que unas bandas de malhechores atacaban diariamente a los peregrinos y les robaban su dinero. Añadió: cuando las autoridades detienen a alguno, le cortan la mano; por cierto, hoy a la hora del azalá del mediodía cortarán unas cuantas en la plaza pública. ¡Estás invitado al espectáculo! La semana pasada azotaron a un yemení por haber faltado al respeto al hijo de un emir. Hace un año, condenaron a muerte a un cristiano, creo que era de Italia, porque lo pillaron con una chica perteneciente a una gran familia saudí, y está prohibido que una musulmana salga, mejor dicho, se vea a escondidas, con un no musulmán, y no digamos ya casarse con él. ¡Aquí no se andan con chiquitas, tienen sus leyes, dicen que está escrito en el Corán y tiran para adelante! ¡No hay nada más que hablar! No existe ningún derecho. Nosotros venimos aquí a rezar ante la tumba de nuestro amado profeta, cumplimos con las oraciones, con el ritual, y luego regresamos a nuestro país, si es que no hemos muerto aplastados en el tumulto o nos han dejado mancos, pues pueden equivocarse y acusarte de robo, y, sin comerlo ni beberlo, te encuentras con una mano menos, es lo que se llama justicia rápida, no hay tiempo de pensar, de todos modos, aquí, más vale no pensar, aquí te entregas a Dios, sin el menor titubeo, perteneces a Dios y Dios dispone de ti como quiere. "



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