A sangre y fuego (fragmento)Manuel Chaves Nogales

A sangre y fuego (fragmento)

"La salida al exilio debió producirse a mediados de noviembre. En Barcelona se reunió con su familia, que se había alojado para la espera en casa de Gonsanhi, fotógrafo de Ahora. Una hija de Gonsanhi acababa de morir a causa de una tuberculosis y su dormitorio lo ocupó una de las hijas de Chaves, Pilar. Salieron en tren para París. Nada más llegar se alojaron en dos habitaciones de una pequeña pensión propiedad de Madame Cahiet. Allí se escribieron los relatos que venían pergeñados desde España. Manuel intentaba publicarlos en la prensa francesa y salía cada día a recorrer agencias y entrevistarse con amigos de la profesión a los que ya conocía de anteriores estancias. Y alternaba esta ocupación con visitas al hospital del doctor Katz, donde comenzaron a hacer lavados de estómago a su hija Pilar, que enfermó de la tuberculosis que finalmente había contraído en Barcelona, al tiempo que se encargaba de que la joven se animara a ingerir unas terribles bolas de carne de caballo crudas que, junto con las inyecciones de «sales de oro», constituían su tratamiento. Y la chica mejoró, ya que su padre requirió su colaboración como traductora para acudir a Londres a entrevistarse con Luis de Baeza, corresponsal de Ahora en la capital inglesa, quien junto a su compañera, Dolores Harding, realizaba la traducción al inglés de los relatos para darles salida en el mercado editorial y en la prensa. El libro debió ser compuesto en la celeridad de la partida al exilio, ya que su autor estaba en España todavía en noviembre de 1936 y el prólogo aparece datado entre enero y mayo del año siguiente. Sus episodios fueron conocidos de cerca por el periodista e inmediatamente escritos. Sus personajes, tomados de la vida, en ocasiones aparecen con nombres ficticios. Los acontecimientos que se narran no dejan lugar a la fantasía; todo lo que se cuenta está sacado de la realidad, de la propia realidad personal del escritor y lo que había visto y oído en sus últimos días en España, y de las noticias que le llegaban al exilio parisino, traídas por otros exiliados a los que sus ideas democráticas y republicanas arrastraron a los arrabales de París. De ahí su grandeza: ser capaz de conservar la calma, de ejercer la reflexión, en medio de la conflictiva situación que junto a su familia estaba viviendo. "


El Poder de la Palabra
epdlp.com