Compendio del arte poética (fragmento)Manuel Milà i Fontanals

Compendio del arte poética (fragmento)

"La grande influencia que la civilización de los Griegos y Romanos ha ejercido sobre la de las naciones modernas, debe mirarse como una de las principales causas de que aquellos pueblos hayan sido considerados durante algún tiempo como la única patria de la poesía y de las artes; pero si bien en ambos y sobre todo en el primero llegaron a un alto punto de esplendor y les merecieron una atención particular y una especie de culto, todavía es cierto que el hombre y especialmente el pueblo de todas las épocas o países es más o menos poeta. Entre los Asiáticos sobresalieron como tales los Indios, los Persas y más recientemente los Árabes; al par que los Hebreos dieron al arte que nos ocupa el mayor destino que caberle pudo cual fue el de expresar las inspiraciones divinas, y dejaron a las generaciones venideras ricos tesoros de grandiosa poesía, tanto de la que narra acciones heroicas e importantes como de aquella que sondea los misteriosos pliegues del corazón humano, y de la que le impele a generosos afectos. Tampoco se crea que el cultivo de este arte sea privativo de las épocas de costumbres refinadas y de más adelantada cultura, cuyas producciones poéticas si bien exentas de la rudeza y barbarie que afean las de las edades primitivas, no las igualan en los dotes más preciosos e intrínsecos de naturalidad, candor y entusiasmo. En los principios de un período social, cuando cada tribu forma una como vasta familia, ocupan los poetas la más elevada posición: son los filósofos, los historiadores y sacerdotes del pueblo naciente; su oficio no es el agradar, sino adoctrinar, causar admiración e infundir entusiasmo. Tales eran los Bardos de los antiguos Celtas o Bretones, tales en especial los Escaldas de los Escandinavos y tales serían en nuestra España los Cantores de los antiguos Callaicos o Gallegos, los de los Celtíberos, los de los Turdetanos que a sus poemas atribuían seis mil años de antigüedad y los de los Cántabros que entonaban los suyos al expirar en la cruz. El destino de la poesía entre pueblos de tal condición fue el de celebrar fiestas cívicas y religiosas, nupcias y funerales, alimentar bélicos impulsos en los ánimos varoniles, cantar habidas victorias y referir antiguos acaecimientos de amor y desventura. Así es que las poesías no menos que muchas costumbres de las sociedades nacientes se asemejan entre sí sobremanera, a pesar de que ciertas diferencias nacidas de algún rasgo peculiar de la raza o del país, o de algún hábito dominante en cada pueblo las distinguen y dan a cada una el carácter individual que constituye su nacionalidad.
Durante la semi-civilización de la edad media el destino de los poetas fue un tanto semejante al de los siglos bárbaros. Menestrales y Trovadores animaban la mesa del festín con regocijadas canciones, inflamaban los pechos en las refriegas y relataban al amor del hogar añejas leyendas amorosas, devotas o guerreras. En los modernos siglos, a pesar de no pocas y muy veneradas excepciones, el errado concepto que se formó de la naturaleza de la poesía, la preferencia que de ordinario se ha dado a mostrar artificio y agudeza sobre conmover y entusiasmar, la extremada y falsa imitación de los antiguos Griegos y Romanos han conducido al Arte a un estado general de abandono y postración; hasta que casi en nuestros días se ha dado más valor al sentimiento de lo bello, se ha enriquecido la teórica de la poesía con el atinado estudio y profundo conocimiento de varias literaturas antiguas y modernas y se la ha realzado señalando y restableciendo su natural y primitiva alianza con la alta filosofía. "



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