Después del terremoto (fragmento)Haruki Murakami

Después del terremoto (fragmento)

"Katagiri seguía manteniendo la cartera firmemente aferrada bajo el brazo. ¿Se trataría de una broma? ¿Habría alguien oculto dentro de la rana tomándole el pelo? Claro que, lo miraras por donde lo mirases, tanto la figura como los movimientos de Rana, que ahora echaba agua caliente en la tetera canturreando con voz nasal, parecían auténticos. Rana depositó una taza de té frente a Katagiri y otra ante sí.
—¿Se ha tranquilizado un poco? —preguntó Rana sorbiendo su té.
Katagiri aún no había recuperado el habla.
—Ya sé que lo correcto hubiera sido concertar una cita antes de venir —dijo Rana—. Me hago cargo, señor Katagiri. Cualquiera se asombraría al volver a su casa y encontrarse con una rana enorme esperando. Pero se trata de un asunto urgente, de capital importancia. Disculpe, pues, mi descortesía.
—¿Un asunto? —Katagiri había logrado, al fin, recuperar el habla, o algo parecido.
—En efecto, señor Katagiri. De no ser así, jamás hubiera irrumpido en su casa de esta forma. No soy tan maleducado.
—¿Y ese asunto está relacionado con mi trabajo?
—La respuesta es sí, y es no —dijo Rana ladeando la cabeza—. Es no, y es sí.
«Debería calmarme un poco», pensó Katagiri.
—¿Puedo fumar?
—Faltaría más, faltaría más —respondió Rana afablemente—. ¿Acaso no está usted en su casa? No tiene por qué ir pidiéndome permiso. Fume o beba tanto como le plazca. Yo no fumo, pero tengo el suficiente sentido común como para no ir esgrimiendo mis derechos de no fumador en casa ajena.
Katagiri se sacó del bolsillo un paquete de tabaco, prendió una cerilla. Al encender el cigarrillo se dio cuenta de que le temblaba la mano. Sentado frente a él, Rana seguía con gran interés sus movimientos. "



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